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Año del Buen Servicio al Ciudadano
SÁBADO 18

de noviembre de 2017

IMÁGENES EN EL TIEMPO

¡Chim pum, patrona!

El primer puerto del país conmemora los cuatro siglos de devoción a su patrona, la Virgen del Carmen de La Legua.

16/7/2017


Raúl Borda Pacheco

rborda@editoraperu.com.pe

Cuenta la tradición que el comerciante Domingo Gomes de Silva se salvó de un naufragio al encomendarse a la Virgen María en la advocación de El Carmen, patrona de los navegantes. En agradecimiento, hizo construir una capilla y para 1606 mandó a traer desde España una imagen de Nuestra Señora del Carmen.

Se sabe que cuando la talla y mercadería eran transportadas por el antiguo camino colonial, entonces rodeado de tierras fértiles, los mulos que tiraban las carretas no quisieron avanzar más cuando se encontraban a una legua del puerto. Gomes da Silva sintió que era una señal de la providencia y decidió levantar en ese lugar la capilla prometida.

Cerca del necesitado

Su sitio fue al principio solitario, alejado de la capital, mas en ese lugar, la virgen estaría pronta a la ayuda del caminante, del viajero, del comerciante y del campesino, colmándolos de milagros y favores, propagándose así la fe y la devoción.

También por iniciativa del comerciante y de su esposa, Catalina María, se estableció en el lugar un recogimiento de niñas que vestían el hábito y guardaban las reglas de nuestra Señora del Carmen.

Al poco tiempo, también se instalaron los religiosos de San Juan de Dios, que tomaron un espacio para sanar a los enfermos y se hicieron cargo del hospital del Callao.

Según los cronistas de la época, en la ermita de La Legua se recibía y daba descanso a los virreyes que aquí teñían sus atuendos, recobrando el señorío de antes su entrada a Lima, por lo que se cree que estaba preparada como las casas de las calles de la capital.

Faro de la fe

Ni el maremoto de 1746, que destruyó el primer puerto, los terremotos de 1940 y 1974, o el atentado con coche bomba del 9 de mayo de 1992, pudieron quebrantar sus cimientos.

Por el contrario, la fe y devoción por la virgen se fortaleció. La ermita colonial de La Legua fue declarada Santuario en los 90, y en 2014 el papa Francisco le concedió el título de Santuario Basílica de la Virgen del Carmen de la Legua.

Arco de los devotos

El investigador del culto a la Virgen del Carmen de La Legua, Felipe Rojas, señala que a finales del siglo XIX el paso de la virgen por los barrios de las calles América, Ayacucho, Constitución y el Paseo Garibaldi (hoy avenida Dos de Mayo) despertó el entusiasmo y la devoción de los pescadores vecinos de esos lugares.

En octubre de 1890, estos modestos hombres de mar, acompañados por sus familias, empezaron a levantar un arco formado de cañas de carrizo adornado con infinidad de flores y guirnaldas, cadenetas, banderines y alegorías en honor a la virgen. Esta hermandad de pescadores quedaría constituida definitivamente el 5 de octubre de 1944.

Ya a inicios del siglo XX, La Legua y sus inmediaciones eran una alegre fiesta, y su convento era muy concurrido con motivo de la procesión de la virgen, a cuya imagen celebraban anualmente.

La revista Variedades daba cuenta de que para 1909 la fiesta religiosa era ocasión de alegres reuniones populares, “riñas” de gallos, pequeña capea y otros entretenimientos para el solaz de los fieles y asistentes.

Por esos años, los devotos cargaban la imagen indistintamente. Recién en 1901 se formó la Sociedad de Nuestra Señora del Carmen y 16 años después aparecieron los primeros grupos organizados de culto.

Felipe Rojas señala que la Hermandad de Culto y Cargadores de la Virgen del Carmen de la Legua se fundó el 30 de setiembre de 1923, por Juan Francisco Palacios Salas y Agustín Revata Fernandini, su primer mayordomo. Tenía entonces cuatro cuadrillas.

Virgen peregrina

Por la trascendencia de su devoción, que desbordó los límites de la Callao, la Virgen del Carmen ha realizado varias visitas a la capital de la República, despertando emoción y derramando bendición en su camino.

Destaca la primera, que se realizó el 31 de octubre de 1950, con ocasión de las Solemnidades de la Proclamación del Dogma de la Asunción. Ese año, el primado del Perú, Juan Gualberto Guevara, tuvo la idea de hacer una demostración de fe y fervor mariano al ordenar la concentración en la Plaza de Armas de todas las imágenes más veneradas de la Virgen María en sus distintas advocaciones.

Lo más emotivo de aquel encuentro fue el entusiasmo que despertó entre los asistentes la Patrona del Callao. La peregrinación y el recibimiento en la plaza 2 de Mayo fueron considerados apoteósicos. Entre lágrimas, oraciones, cantos y pañuelos, una multitud comparable solo a la procesión del Señor de los Milagros acompañó a la patrona chalaca hasta el templo de La Merced.

Corona para mi virgen

La Coronación Canónica y Pontificia de la Virgen del Carmen (1951) fue multitudinaria. Felipe Rojas señala que Juan Gualberto Guevara, arzobispo de Lima y primer cardenal del Perú, hizo las veces de delegado papal y se encargó de colocar la corona a la imagen. “Investido de la autoridad suprema del romano pontífice, voy a imponerte esta rica corona de oro y piedras preciosas que simboliza el amor, la veneración y el cariño que te profesan tus hijos del Callao y de La Legua”, dijo el representante del Vaticano.

Ese día, 7 de octubre de 1951, en la Plaza Grau del Callao formaron en torno al altar mayor congregaciones religiosas de Lima y de la provincia constitucional. El presidente Manuel Odría apadrinó el acto en el que la imagen lució un manto recamado en oro, plata y pedrería. La Patrona del Callao recibió honores con los acordes del Himno Nacional del Perú, mientras tres aviones de la Fuerza Área del Perú evolucionaron sobre la plaza dejando caer flores al tiempo que los buques atracados en el puerto hacían sonar sus sirenas.

Desde entonces, las más altas autoridades del Callao y miles de fieles rinde homenaje a la Virgen del Carmen en su recorrido anual del 16 de julio del Santuario de La Legua a la iglesia Matriz.

Homenajes

En su recorrido, recibía homenajes en el Hospital Daniel Alcides Carrión, en la iglesia San José, en las compañías de Bomberos Callao Nº 5 e Italia Nº 2, por la entonces muy sintonizada Radio Callao, y en el cuartel del Batallón de Infantería Nº 39, oficiales y tropa le rendían los honores correspondientes.

En sus dos recorridos procesionales, que incluyen el segundo domingo de octubre cuando retorna a su santuario, la virgen avanza por el mismo camino que hace 411 años la trajo a La Legua: la avenida Colonial se viste de alfombras de flores y cadenetas. No faltan conjuntos de música criolla y los homenajes se multiplican en cada institución pública del vecino puerto. Los más fervientes seguidores visten hábitos marrones y portan el sagrado escapulario. La emoción embarga hasta las lágrimas a los que llegan para pedir o agradecer un milagro.

Contacto

Centro de Documentación del Diario Oficial El Peruano: Teléf. 315-0400, anexos 2702 y 2703.