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APROXIMACIONES

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

5/6/2019


Manuel Arboccó de los Heros

Psicólogo y Ensayista

Hablamos mucho del amor o de lo que pensamos que es. Creamos novelas, canciones, poemas, pinturas, esculturas; a eso le sumamos teorías, hipótesis y un sinfín de propuestas. Aquí veremos algunas de las opiniones de personajes que revisaron el punto, probablemente, sin poder cerrar el tema.

Primero, veamos qué señala el Diccionario Oficial de la RAE. Este define el amor en sus tres primeras acepciones, como: 1. “Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”; 2. “Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear”; y 3. “Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo”.

Para Erich Fromm –autor del célebre libro El arte de amar–, el amor es un arte, una actividad superior que debe ser aprendida correctamente. El amor en Occidente, decía, viene fracasando pues en un lugar solo encontramos pseudoamores, amores neuróticos y falsos. El amor es un rasgo de madurez que involucra respeto, conocimiento y preocupación por el bienestar del otro, así como comunicación y cuidado. Menciona en su libro: “Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar. De ahí que para ellos el problema sea cómo lograr que se los ame, como ser dignos de amor. Para alcanzar ese objetivo, siguen varios caminos. Uno de ellos, utilizado en especial por los hombres, es tener éxito, ser tan poderoso y rico como lo permita el margen social de la propia decisión. Otro, usado particularmente por las mujeres, consiste en ser atractivas, por medio del cuidado del cuerpo, la ropa, etcétera”. Para el psicólogo peruano Leopoldo Chiappo, el amor se trataba del acontecimiento más profundo, más intenso y más elevado de la vida. El amor es algo noble, nos decía. Consiste en una manera de vivir abierta a los demás, “generosa, abnegada, servicial”. Pero el amor no es solo intensidad de vida, “es también dirección, orientación”.

Marco Aurelio Denegri decía que en latín había dos verbos relacionados con el amor: “amare, que es el amor adhesivo, y diligere, que es el amor reflexivo”. Y señala: “el amor pasional es adhesivo, se adhiere al otro, se pega, quiere confundirse con él, unimismarse. En cambio, el que profesa dilección profesa un amor diligente, esto es, cuidadoso, atento, responsable: un amor reflexivo”.

El filósofo y biólogo chileno Humberto Maturana considera que el amor ocurre cuando uno se encuentra con otro en el deseo de ampliar todas las dimensiones de aceptación del otro, como un legítimo otro en convivencia con uno. Y el sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman lanzó la siguiente afirmación: “El amor es un préstamo hipotecario a cuenta de un futuro incierto e inescrutable”.

Esto, por supuesto, da para más.