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Año del Buen Servicio al Ciudadano
MARTES 22

de agosto de 2017

RAMÓN GARCÍA. ACTOR

“La felicidad está en servir”

Multifacética figura no solo transita con holgura por la actuación, sino que comparte su talento como maestro.

Con la sencillez y calidez que lo ha caracterizado a lo largo de su carrera, Ramón García regresa a la pantalla peruana con Mujercitas, telenovela en la que asumirá uno de los roles dramáticos que desequilibrarán la historia. Ramón no para, divide su tiempo entre la docencia y el cine. Acaba de confirmarse su participación en la segunda temporada de la serie de HBO The Young Pope y se alejará por largos meses del Perú para ponerse bajo las órdenes de Pablo Sorrentino.

4/6/2017


Cecilia Fernández Sívori

mfernandez@editoraperu.com.pe




–Cuando fuiste convocado para trabajar con Jud Lowe te fuiste en silencio.

–Soy narizón, pero tengo perfil bajo. No está en mi carácter, así soy. Cuando salió, le di gracias a Dios y fue como sacarme la tinka. Para nada he cambiado, sigo igual.

–Tuviste un rol que explotaste al máximo.

–Fíjate que si hay que trabajar de taxista como ahora en la telenovela, pues lo haré lo mejor posible, siempre. No existe papel chico. Hace poco, en la cinta Cebiche de tiburón, tenía una sola escena y me banqueteé interpretando de tal forma que el director me dijo cómo me arrepiento de no haberte dado más papel. Le dije: “Ese es tu problema, la próxima ya sabes cómo es” (sonríe). También en Avenida Larco tuve una escena que no dura ni un minuto, pero esos segundos me la jugué y me dije aquí va con todo.

–Siempre te entregas hasta el último, eso le transmites a tus alumnos.

–Siempre les digo tú no puedes vivir sin pensar que tienes que entregar toda tu vida al ciento por ciento. El problema es que muchos tenemos miedo de morir porque no sabemos vivir. El papa Francisco dijo una frase: “Que difícil es el ser humano, nacer no pide, vivir no sabe y morir no quiere”. Entonces, si tú sabes vivir porque lo entregas intensamente todo, cuando venga la muerte dirás: “Ya lo hice todo”.

–Es tu forma de vivir.

–Creo que cuando más intensa sea tu vida y hagas más cosas bien y con la intención de servir, de ayudar, ahí está la felicidad. Y la tranquilidad de que cuando venga la muerte digas: “Valió la pena vivir”.

–¿Y qué hace que llegues a esta conclusión?

–He pasado muchas humillaciones, como muchos compañeros, ganas de meterle un trompada a algún pobre diablo que no tiene ningún valor moral para menospreciar a nadie y quizá eso es lo que me ha formado. Por eso hoy, por ejemplo, no veo ninguna actividad que no tenga el condimento de servir en la vida.

Hombre de teatro

Ramón se deja ver en estos fines de semana en la puesta La pícara suerte, de Leonidas Yerovi y bajo la dirección de Mateo Chiarella. Esa pasión la comparte con su labor como docente de famosos de la televisión y alumnos de disímiles profesiones a quienes, sin distinciones, les imparte su talento en diversos espacios.

–Como profesor recibes a quien quiera aprender, no como otros consagrados que escogen a sus alumnos.

–Tengo como alumno a un niño autista y es el que más trabaja en mis clases del museo. Es el que más se compromete y pregunta. Yo le doy su sitio, como a todos los demás, porque tiene los mismos derechos. Recuerdo que le dije a su mamá que quizá él necesitaba a alguien con cierta especialidad. Y la señora me dijo algo que no le entendí al comienzo: “Me han hablado de usted y yo creo que estará bien”. Comenzamos y descubrí que es un tipazo y tengo con él a profesionales de diversas ramas y muchos jóvenes.

–Y también tuviste a famosos de la pantalla chica.

–Nicola Porcella, Milett Figueroa y Miguel Arce. Por él tengo un aprecio especial. Él podría ser como muchos de estos muchachos que desde niños fueron bonitos y que crecen con una especie de deformación en su cabeza, donde su ego está primero. En el caso de él no es así, es un ser humano sencillo, buena gente y con ganas de aprender. Y si hay algo que valoro muchísimo en la vida es la humildad. Me quedo con eso.