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Año del Buen Servicio al Ciudadano
MARTES 21

de noviembre de 2017

ARIETT VÁSQUEZ PINEDO

“Me encuentro comprometida con los niños y niñas de Lamas”

Su principal motivación es que los estudiantes más vulnerables reciban una educación de calidad.

Perfil. Es directora de la UGEL Lamas, en la región San Martín, y una impulsora importante de las mejoras en la gestión educativa de la zona, al punto que esa instancia ganó el concurso ‘20 en Gestión’ por haber disminuido el tiempo de distribución de materiales didácticos de 81 a 5 días para los maestros y alumnos de las 377 escuelas que tiene a su cargo.

25/1/2017


Susana Mendoza Sheen smendoza@editoraperu.com.pe




Su origen es quechua, de un caserío de Bellavista, en Lamas, San Martín; también es humilde y rodeado de amor. Así lo recuerda Ariett Vásquez Pinedo, hoy funcionaria, cuya infancia rodeada de ríos y bosques salvajes la convirtieron en una mujer sin remilgos, transparente y comprometida con la educación de las niñas y niños de su pueblo.

La UGEL Lamas que hoy dirige ganó el primer lugar del concurso ‘20 en Gestión’ en julio del año pasado, por reducir el tiempo de distribución de materiales y recursos educativos que utilizan alumnos y docentes de las 377 escuelas bajo su jurisdicción y responsabilidad, de 81 días a 24 durante el 2016.

Una meta que alcanzó la UGEL en un proceso que empezó incluso un poco antes de que ella asumiera la dirección en el período 2013-2014, y que continuó después cuando fue directora de un colegio de educación inicial en Lamas. Ariett alcanzó el cargo de funcionaria luego de presentarse al concurso que convocó el Ministerio de Educación el año pasado.

“Gracias al espíritu colectivo de trabajo que tenemos entre todas las áreas, a la visión de gestión territorial que hay en la provincia, pero sobre todo al hecho de ser de Lamas, los que en su mayoría participamos logramos que la entrega de libros, cuadernos y kits educativos se realice hoy en 5 días. Estamos comprometidos con nuestros niños”, comentó.

Del caserío a la ciudad

Hace 30 años que vive en Lamas, el pueblo de colores y la tierra del cacao, a la que le debe su formación de profesora de educación inicial y su labor continua y permanente con este sector de la población que ha visto recientemente mejoras educativas, sostiene.

“En los primeros 20 años, añoré mis juegos libres en la Selva y las aguas frías de sus ríos acariciando mis pies. Fui muy feliz. En el pueblo somos cariñosas las personas, cercanas; en la ciudad, la gente desconfía, no juega y discrimina muchas veces”.

Corazón perseverante

Y, sin embargo, persistió, se formó en un instituto de educación superior pública, y nunca, nunca, afirma, se atravesó la duda por la profesión que eligió.

Que su madre fuera profesora y su padre un agricultor tal vez forjaron en ella una identidad, pues la docencia la orientó hacia los más vulnerables.

“Soy honesta, con un corazón dispuesto a amar a las personas. No seré millonaria, pero tengo vocación para ayudar a la gente”, nos dice esta maestra. No cabe duda de que en Lamas viven personas dispuestas a trabajar para que sus niños, niñas y adolescentes tengan mejores oportunidades.

“Tenemos bien claro que nos debemos al ciudadano y que nuestro centro de trabajo son nuestros escolares”.