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Año del Buen Servicio al Ciudadano
MIÉRCOLES 13

de diciembre de 2017

LUCY AVILÉS. INTÉRPRETE

“Sentía que Óscar Avilés era eterno”

Heredera de una tradición musical,la cantante y promotora habla sobre sus raíces.

2/7/2017


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

“Sigo la línea tradicional”, dice Lucy Avilés a bocajarro, en la sala de esa casa donde todo respira a música; a los trabajos y trofeos de su padre, Óscar Avilés (1924-2014), primera guitarra del Perú. Hay un cenicero, un refresco, y Lucy toma asiento en la silla favorita del patriarca eterno. 

“Esta casa encierra muchos recuerdos, de grandes tertulias musicales con amigos de mi papá, gente mayor, que eran su fuente para nutrirse de música”.

Mientras los otros niños jugaban al Monopolio o a ‘la pega’, Lucy se sentaba para ver cómo jaraneaban los mayores. “Me encantaba”.

–¿Cómo veían en el colegio su afinidad musical?

–Yo era como un bicho raro en el colegio María Reina. Tenía 15, 16, cuando traía a mis amigas aquí a la casa les ponía ‘Curro’ Carrera.

–Usted participó en un álbum de 1986, dirigido por su padre, por los 50 años de la muerte de Felipe Pinglo. No tiene muchas grabaciones junto a don Óscar.

–Fue mi primera y única grabación con mi papá. Grabamos un vals y un foxtrot de Pinglo. A veces se pasa la vida sin pensar qué puede suceder después. Lo tenía y sentía que Óscar Avilés era eterno. Tal es así que cuando se enferma, para nosotros fue una pesadilla. Él era la columna vertebral, no solo en lo familiar, sino en lo musical, para todos.

No le interesaba la música como carrera, quería trabajar en secretariado ejecutivo bilingüe, pero su padre, que se oponía a verla laborando, la invitó a una gira, en 1980, que duró 45 días, en la que recorrieron varias ciudades de México. Viajaron también Arturo ‘Zambo’ Cavero y Pepe Villalobos. En una comida de despedida, los escuchó Armando Manzanero y les propuso grabar un disco. Ella dijo no. Solo quería volver a Lima y trabajar. “No sé si alguien más le habrá dicho no a Armando Manzanero”.

–¿Y se arrepiente de eso?

–Todo tiene su momento. Yo no pensaba dedicarme a eso porque veía que era muy sacrificado. Todo el mundo piensa en la parte linda del espectáculo, pero no ven la otra. A mi papá había que despertarlo a la una y media de la mañana para que se fuera a trabajar a una peña.

Al regreso de México, empezó a trabajar en su rama. Se casó, y cuando su hija tenía 5 años, se separó. Entonces empezó a trabajar en la producción de espectáculos. Recién en 1998 inició una carrera profesional como cantante.

–Se le asocia musicalmente con el guitarrista Willy Terry.

–Tenemos 19 años trabajando juntos. Hemos grabado, desde 1999, creo que 15 discos, dedicados a Chabuca, a Serafina Quinteras… El último que hicimos fue El legado (2016), es un repertorio que mi papá cantaba. 

–¿Y qué otros géneros musicales interpreta?

–En la casa siempre hemos escuchado folclor, pero no solo peruano. Los tangos, las sambas, los pasillos. De repente en el Gran Teatro me animo y canto un pasillo que cantaban mis padres. Y me encantan los boleros.

–¿Qué enseñanza musical de su padre es su doctrina?

–Él siempre fue un crítico muy exigente. No era de las personas que te alababan, sino de las que te decía qué tenías que mejorar. Eso me ha ayudado a mejorar.

–¿Cuál es el reto de grabar para Lucy Avilés?

–Estoy contenta con lo que he podido hacer en estos 19 años, con seguir la línea tradicional. En una época fue como una aguja en el pajar, porque todos alrededor ponían más instrumentos y nosotros hemos sabido salir a cantar a la Feria del Hogar, con guitarra, cajón y voz.

–Ahí el cantante está más expuesto a la crítica…

–Claro que sí. Mientras más tienes en el escenario, los errores no se notan. Pero sola en el escenario, la guitarra tiene que ser perfecta, el cajón y la voz. Rescato esa herencia bendita de mi papá, del gusto para cantar. Me encanta hacerlo y con el sabor criollo genuino.

–¿Qué piensa de la fusión, de las innovaciones?

–Respeto a quienes quieren probar otras cosas. Mi papá fue el primer creador, él se reinventaba en cada década. No me veo acompañada por un guitarrista que me ponga frases de jazz en una introducción porque no va con mi forma de cantar, ¿por qué voy a cambiar la raíz si tenemos lo nuestro que es tan lindo? Que evolucione dentro de los cánones criollos.

–¿Y cómo siente el interés de los jóvenes por lo criollo?

–Desde el 2013 hay un resurgimiento. Todo tiene un ciclo. Calculo que para que surja un Óscar Avilés, un Felipe Pinglo, una Chabuca Granda pasarán unos 200 años, antes no. Llegará el momento.

–¿Su siguiente proyecto?

–Quiero grabar un disco de marineras de Lima.