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Año del diálogo y la reconciliación nacional
VIERNES 22

de junio de 2018

PERFILES

Augusto Pérez Araníbar

Fue el hombre que más bregó por los necesitados en el Perú. Pasado ya casi un siglo desde que la realizara, su obra persiste: el puericultorio de Magdalena, que lleva su nombre y fue considerado en su época el mejor de su género en el continente; el Hospital del Niño, el primero de su especialidad en erigirse en el país; y el Hospital Arzobispo Loayza de mujeres, inaugurado en 1924. “Hombres como Pérez Araníbar –ha escrito un historiador– se necesitan en cada esquina”. Y es que, en el país, en ese campo, parafraseando al poeta, hay aún mucho por hacer. Su ejemplo no puede ser más edificante.

4/3/2018


Domingo Tamariz

Periodista

Augusto Pérez Araníbar nació bajo el límpido cielo azul de Arequipa el 26 de setiembre de 1858. Sus padres fueron el médico y maestro Manuel Pérez Araníbar y doña María Hurtado y Tapia. Culminando su secundaria, estudió Ciencias en la Universidad de San Agustín de Arequipa, graduándose en 1875. Dos años después, viajó a la capital para seguir Medicina en la Facultad de San Fernando.

Al encenderse la guerra con Chile, se alistó como voluntario. Integró entonces una expedición que llevó medicinas a la sitiada plaza de Arica y luego se dirigió al Alto de la Alianza, donde atendió heridos. De regreso, estuvo en la defensa de Lima, en las batallas de San Juan y Miraflores.

En 1882 se graduó de bachiller en Medicina con una tesis en la cual volcaría sus observaciones recogidas en la guerra. Al año siguiente se diplomó de médico y, seguidamente, de doctor en Medicina. En 1885 fue promovido a la categoría de cirujano mayor del Ejército, coyuntura en la que volvió a su ciudad natal; elegido diputado suplente por la provincia de Castilla (1892-1894), participó en la legislatura de 1893.

En 1894 “cruzó el charco” (mar Atlántico), ansioso por investigar los avances en el tratamiento de las enfermedades gástricas y en la construcción de hospitales. Estando en España fue nombrado delegado del Perú en el Congreso Médico Internacional, realizado en Madrid en 1903. Su intervención fue tan destacada que lo invitaron a pronunciar el discurso en la sesión de clausura.

Al volver al país fue incorporado a la Sociedad de Beneficencia Pública de Lima, institución en la que realizó una labor trascendental. Ingresó a la Sociedad en 1905, y luego de unos años fue nombrado, sucesivamente, subdirector (1913) y director (1916), cargo este último en el que resplandeció su vocación altruista. En ese quehacer, apeló a la generosidad de las empresas y los hombres de fortuna para emprender obras de bien social. Puso así en camino el Puericultorio de la Magdalena, construido sobre un área de 108,000 metros cuadrados y diseñado como un inmenso palacio que hasta hoy provoca la admiración de propios y extraños. Además, logró hacer realidad un viejo proyecto: el Hospital Arzobispo Loayza, para la atención de mujeres, y el Hospital del Niño, entre otras obras.

Y en ese andar, incrementó las rentas de la Sociedad mediante un gravamen impuesto a los empresarios y hacendados de nota, como aporte a los gastos requeridos por la asistencia hospitalaria ofrecida a sus trabajadores. En su empeño de proteger personalmente estas instituciones, renunció a cualquier nombramiento honorífico.

El Puericultorio Pérez Araníbar abrió sus puertas el 9 de marzo de 1930 (tras trece años de construcción), cuando la población de Lima no superaba el medio millón de habitantes. Lo hizo con la finalidad de albergar a los niños huérfanos, pobres o en riesgo social, para luego educarlos y enseñarles una serie de oficios. “El fundador había cumplido su objetivo”, como lo explica el libro Historia de un sueño, publicado en el 2015. “El proyecto se volvió su vida, su afán, su más justo desvelo. Casi 2,000 niños [en su mejor época] recibían comida y participaban de talleres que los preparaban para afrontar el mundo cuando llegase el momento”.

Por el Pérez Araníbar han pasado niños que triunfaron en la vida, como Alberto Gallardo, futbolista que brilló en el Mundial de Fútbol México 70; Reynaldo Arenas, conocido actor de cine, televisión y teatro, que personificó a Túpac Amaru II en la pantalla grande; y Augusto Polo Campos, quien declararía alguna vez: “Lo más feliz que tengo en el pasado es mi recuerdo del Pérez Araníbar”, entre otros.

Augusto Pérez Araníbar dedicó al puericultorio los últimos 28 años de su larga y fructífera existencia. Falleció en marzo de 1958, cuando contaba 99 años de edad.

Hoy, el puericultorio sigue acogiendo a niños desamparados, pero lo hace en medio de un clima nada favorable. No hay derecho.