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Año del Buen Servicio al Ciudadano
DOMINGO 24

de setiembre de 2017

SOCIEDAD

Cada quien baila con su propio pañuelo

La frase citada arriba pertenece al pensador Julio Cotler cuando se refiere a la forma como se conduce nuestro país al desarrollo. Razón no le falta, pues la extrema individualidad que se respira en la cotidianidad hace que cada peruano sea una isla en un inmenso mar rojiblanco. Este individualismo nace desde el fracaso de la institución familiar como célula básica de la sociedad, luego le sigue la crisis de la educación pública, y en tercer lugar, la ausencia de paradigmas y utopías orientadas desde la política.

10/9/2017


Luis Lagos historiador



El peruano de a pie ha dejado de creer en la colectividad. Prefiere solucionar su problema inmediatamente, sale de su pobreza sin preocuparse del bien común, menos de la ley. Y en los sectores populares, la idea de invertir en educación es superficial, se vive para afuera, para la vanidad y se invierte casi nada en valores.



En este sentido, la convivencia pacífica en la cotidianidad es una quimera. La familia ha pasado a ser un compromiso, no una institución.



Similar contenido tiene la educación. No se puede buscar equidad si existe una brecha tan extensa cuando nos referimos a los ingresos de los maestros. Invertir en este rubro es una proyección a largo plazo, no solo en relación a sueldos y salarios, sino también en infraestructura educativa para que los centros educativos sean escuelas de formación integral y para que los colegios del Estado recuperen su oferta y sean más atractivos para la población.



Actualmente, las mayorías optan por colegios privados, simplemente porque la educación pública ha perdido imagen y credibilidad.



La situación se torna más compleja debido a la falta de líderes nacionales.



Hay un descrédito total hacia todos los políticos, ora por la corrupción ora por la falta de propuestas coherentes. El electorado se encandila, pero después empieza a odiar cuando comprueba actos que lindan con el delito. Y vista así la política actual solo genera hartazgo, frustración, y con ello trae una secuela de gente que busca una salida por medio de la violencia.



Parece que hemos perdido la memoria o que no le hemos transmitido a las nuevas generaciones la cantidad de sangre que salpicó el fracaso de la política en el siglo pasado. Todo esto ocurre en un contexto paradójicamente favorable en materia económica.