Tipo de cambio:

Compra: 3.244

Venta: 3.248


Año del Buen Servicio al Ciudadano
DOMINGO 24

de setiembre de 2017

Calemar: al otro lado de la orilla

¿Cuánto puede cambiar la vida de un pueblo una carretera? En pleno siglo XXI, en Calemar todavía las personas deben cruzar en oroya el Marañón para conectarse con el mundo. En este centro poblado de la región La Libertad, el Ministerio de Transportes invertirá 156 millones de soles para la construcción de la carretera Calemar-Abra El Naranjillo.

2/9/2017


Aquí recargar celulares es un negocio tan rentable como vender cervezas, gaseosas, bebidas energizantes o abarrotes. “A un sol la recarga, con luz del sol, señor”, oferta un niño que juega con su hermana a las tumbadas.

Como tampoco hay agua potable en Calemar, una señora usa el cauce de un canal para refregar los trastes de su familia. La falta de carretera ha dejado en el atraso a esta localidad del distrito de Bambamarca.

Calemar es la primera y única localidad de la provincia de Bolívar que se puede acceder desde La Libertad, tras viajar nueve horas desde Trujillo, y recorrer unos 235 kilómetros de carretera asfaltada y 59 kilómetros de carretera afirmada, que por tramos se torna polvorienta e inquietante.

Larga ruta

Para acceder desde Trujillo a Bambamarca y a los otros cinco distritos de la provincia de Bolívar no queda otra alternativa que tomar la Panamericana Norte rumbo a Lambayeque; luego otra vía hasta la región Cajamarca, para finalmente ingresar otra vez a La Libertad.

En Calemar viven 220 familias. El 90% se dedica a la agricultura. En plena era de la digitalización, las noticias tardan mucho en llegar, por eso pocos saben que el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) invertirá 156 millones de soles para la construcción de la carretera Calemar-Abra El Naranjillo.

Este proyecto vial es muy ambicioso porque busca no solo unir Bolívar con la región La Libertad, sino también abrirle paso a la región San Martín para que pueda acceder a la costa directamente por esta nueva ruta.

“La carretera nos sacaría del atraso en el que vivimos, no solo por la falta de luz y agua, sino también porque se incrementaría el comercio y mejorarían los estándares de calidad de salud y educación”, dice Pedro Arteaga Cruz, presidente de la comunidad de Calemar. No hay luz eléctrica, agua potable y menos alcantarillado.

Atravesar la ‘serpiente’

Como ‘Punta de Carretera’ se conoce a la zona donde acaba la vía y eso es justo en la orilla del río Marañón, uno de los afluentes del río Amazonas, al cual el escritor Ciro Alegría bautizara como La serpiente de oro (novela publicada en 1935 en Santiago de Chile), por la gran actividad acuífera que se desarrollaba en su cauce.

Los pobladores señalan una de las casonas, donde actualmente hay dos canchas de fulbito. Ahí, dicen, vivió Alegría. Ahí le habría nacido la idea de escribir la novela.

Para cruzar el Marañón hay tres formas: por oroya, que es una especie de canastilla de madera y fierro jalada por unos cabos; una canoa o balsa; y nadando. La elección la toma cada uno, dice sonriendo José, un hombre de tez cobriza. Sus brazos fuertes son necesarios para jalar la oroya por más de 140 metros para trasladar a las personas hasta el otro lado.

Historias de la oroya

La oroya se agita en medio del cauce del río y da la sensación de que esta inestable infraestructura se desarmará y caerá al centro de la corriente, donde, según los pobladores, puede alcanzar los 20 metros de profundidad en tiempo de estiaje.

El miedo no es infundado. Blanca Palma, una de las dos obstetras del centro de salud de Calemar, casi muere ahogada hace unos meses, luego de que cayera de la oroya al intentar llevar una gestante hacia la ambulancia que se encuentra al otro lado del río, para trasladarla hasta el hospital Leoncio Prado de Huamachuco. Por fortuna se logró enredar en un cabo y quedó suspendida como un péndulo.

Elefante blanco

Una vez en tierra firme se puede observar de cerca la gran infraestructura aún no terminada del puente Calemar, obra cuyo costo fue de más de 16 millones de soles e impulsada por el gobierno regional de La Libertad en el 2015, y que actualmente se encuentra abandonada.

Por un camino de tierra se llega a la plazuela de Calemar. Hay ocho bancas, tres malogradas; seis tachos de basura vacíos, un caballo amarrado, un bar, un hospedaje y una bodega donde también se ofrece al visitante la recarga de celulares.

En Calemar la energía eléctrica se consigue de paneles solares que fueron adquiridos por la comunidad, pero tan solo dura dos horas. Otros tienen sus propios paneles y pueden darse el lujo de vender esa energía limpia proporcionada por el sol.

La desnutrición infantil es solo consecuencia del atraso, dice la enfermera Vanessa Flores, quien es la encargada de revertir la situación en Calemar, donde de 150 niños menores de 5 años, 100 padecen de esta enfermedad.

“Se lo cargo completito”, me repite el niño, mientras juega con su hermana, al ver mi renovado interés por el cartel que ofrece cargar teléfonos celulares, pero lo que me llama la atención son los errores ortográficos que se exponen, como parte del atraso de la falta de carretera. Parece que pronto esta historia cambiará. (Texto y fotos: Luis Puell)

¿Solución inmediata?

El gobernador regional de La Libertad, Luis Valdez Farías, informó que para la construcción de la obra del puente Calemar se hizo un convenio con la empresa de Servicios Industriales de la Marina (Sima), que a su vez subcontrató a otra empresa, que es la que habría incumplido. “El problema ya se ha solucionado con esta empresa nacional y se ha firmado una nueva adenda para terminar la ejecución de la obra, por eso en las próximas horas se deben retomar los trabajos sobre el río Marañón”, indicó hace unos días.

Cifra

156 Millones de soles costará la carretera Calemar–Abra el Naranjillo.