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Año del Buen Servicio al Ciudadano
SÁBADO 23

de setiembre de 2017

UNIVERSIDAD

Cambiante, compleja, indispensable

Eso es la universidad, un asunto muy serio de la humanidad. En la FIL 2017 se presentaron dos importantes libros sobre esta institución: el del politólogo norteamericano Benjamin Ginsberg y el del sociólogo Felipe Portocarrero Suárez, exrector de la Universidad del Pacífico.

2/9/2017


Manuel Burga

Historiador

Comentaré el segundo. La idea de universidad reexaminada y otros ensayos, escrito como profesor invitado en la Universidad de Oxford, citando una abundante bibliografía británica que le ha permitido presentar la historia de la universidad en Occidente, la evolución de la idea que la sustenta, el conocimiento dividido y la discusión sobre la formación general que debe tener todo egresado de una universidad.

El primer capítulo presenta la historia de la universidad en Europa, desde su aparición en Bolonia hasta la actualidad. Apareció bajo la tutela de los Estados monárquicos y de la Iglesia romana. Una cédula real o una bula papal las autorizaban para exhibir sus títulos de reales y pontificias.

Es muy esclarecedor el análisis del ethos de la universidad medieval, en un contexto en que la creencia en Dios ordenaba la reflexión y el conocimiento, paralelamente al convencimiento de que la imperfección del hombre podría ser superada mediante el estudio, los valores, la investigación y la búsqueda de la verdad.

La escolástica y la teología dominaban sus planes de estudio y la enseñanza hasta el siglo XVIII, en que la Ilustración, la ciencia, la crisis del Ancien régime y las revoluciones políticas las ponen al servicio de los Estados laicos, nacionales y aún revolucionarios, para formar ciudadanos amantes de la patria, los nuevos principios y al servicio de sus países.

En el siglo XX las mejores universidades las encontraremos en Estados Unidos. La Sorbonne de París, Humboldt de Berlín, Oxford de Londres, ni hablar de la de Bolonia, ya no ocupan los primeros lugares. La universidad se convierte en la joya del desarrollo norteamericano. El docente les da identidad, J. Schumpeter en Harvard, M. Friedman en Chicago o Noam Chomsky en el MIT; sin embargo, en los últimos 20 años, el docente cede el protagonismo a los administradores, los gestores de estas instituciones, que si bien fomentan la investigación, son tentados por el mercado, pasando de la rentabilidad académica a la económica.

En el segundo capítulo, con mucha información y rigor, examina la evolución de la idea de universidad: la medieval, la ilustrada, la profesionalizante, la de investigación y formación. Aparecen en los discursos filosóficos, políticos, sociológicos, como el del cardenal Newman, gran promotor de la educación liberal en la Irlanda de 1852, que se propuso una meta casi imposible para una institución católica: que la enseñanza de la ciencia no colisione con la teología, la ciencia de Dios. La universidad debía educar, no solo instruir, como pretendían las laicas.

Las propuestas del siglo XX, como las de M. Pattison, K. Jaspers, J. Ortega y Gasset, fomentan la investigación en el ámbito de la autonomía, lejos de la esfera de influencia del Estado, en polémica con Martin Heidegger. Portocarrero se detiene en Clark Kerr, economista norteamericano de la década de 1960, que habla de multiversidad, citando la metáfora de Isaiah Berlin, El erizo y el zorro, en la que el primero sabe hacer una cosa muy bien; mientras que el segundo sabe hacer muchas, como la universidad lo debe hacer.

El tercer capítulo me parece de una gran utilidad en nuestro contexto actual, en el que se prioriza la ciencia y la tecnología, dejando de lado la formación humanista. Estudia el abismo que separa a las humanidades de la ciencia, a los humanistas de los científicos. Cita abundantemente a C.P. Snow y Frank R. Leavis, que debatían sobre la inevitabilidad de esta separación.

En el último capítulo, el exrector de la Universidad del Pacífico nos habla de la paradoja de George Steiner (1929), suizo-estadounidense de origen francés que propone un nuevo quadrivium de cursos esenciales para formar al universitario actual.

Una conclusión fundamental: la universidad, tan cambiante, compleja e indispensable, ha jugado un papel trascendental en la construcción del mundo moderno desarrollado. La clave ha sido, al parecer, la buena articulación con la sociedad, su tiempo, el Estado, sus proyectos, por medio de docentes y planes de estudio pertinentes. Ningún país ha podido prescindir de ella para alcanzar el desarrollo y los que lo han hecho, como en nuestro caso, sufrimos las consecuencias.