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Año del diálogo y la reconciliación nacional
DOMINGO 24

de junio de 2018

Cercanía papal

La Navidad es la festividad más importante de la cristiandad porque representa la llegada de Jesucristo al mundo y su celebración se convierte en la ocasión propicia para departir con la familia y deponer cualquier atisbo de rencilla y enfrentamiento entre los hombres de buena voluntad. Los peruanos no nos sustraemos a esa conmemoración religiosa que, en esta oportunidad, toma mayor relevancia por la cercana visita del papa Francisco al país.

25/12/2017





Como vicario de Cristo en la Tierra, el pontífice ha demostrado en diversas ocasiones sencillez, humildad en su vida diaria y franqueza para abordar los problemas del mundo, incluso aquellos que son polémicos para la propia Iglesia católica. Es un claro ejemplo de lo que fue Jesús en su vida terrenal, tal como lo refieren los distintos evangelios compendiados en la Biblia. Basados en su fe, los cristianos toman como referencia precisamente al papa porque representa al Hijo de Dios en sus acciones, en sus enseñanzas y en sus palabras.

Desde que Francisco asumió la más alta representación vaticana, millones de personas han reconocido en su persona esa simplicidad y bonhomía que le ha permitido cultivar la más alta estima y simpatía en diversas latitudes. Y su humildad ha quedado de manifiesto cuando se acerca a los más humildes y reconoce en Cristo “el tesoro escondido” que llena de significado la vida de la gente.

Por todo ello, la cercanía de la visita papal al Perú, entre el 18 y 20 de enero próximo, nos debe llevar a la reflexión acerca de nuestro compromiso como creyentes con Cristo, esa figura egregia y religiosa que hoy recordamos cuando se hizo hombre en medio de dificultades históricas y de opresión de su pueblo por un imperio expansionista. Esa circunstancia particular identifica a Jesús con gente que vive en condiciones precarias y que enfrenta los retos de la vida con estoicismo.

Y qué mejor manera que meditar sobre la importancia de ser cristiano con la gira del papa Francisco por tierras peruanas. Tal como lo hizo Juan Pablo II en 1985, Jorge Bergoglio visitará diversas ciudades: su agenda contempla las ciudades de Lima, Puerto Maldonado y Trujillo, cuya elección no ha sido al azar porque cada una representa una preocupación diferente para el representante vaticano.

Por ejemplo, el vicepresidente de la Conferencia Episcopal Peruana, monseñor Miguel Cabrejos, ha señalado que Puerto Maldonado es símbolo de los pueblos originarios y amazónicos, pero también escenario de una problemática grande y seria vinculada con la minería ilegal, trata de personas, trabajo infantil, entre otras. La capital de Madre de Dios es, además, la primera línea de batalla en la defensa de la naturaleza y el medioambiente, un tema de preocupación para el Vaticano.

En cuanto a Trujillo, la llamada Ciudad de la Eterna Primavera, ubicada en la costa norte del país, ha sido una zona muy golpeada por las lluvias e inundaciones del Fenómeno El Niño Costero, así que la presencia del papa será una luz de consuelo y esperanza para aquellos que lo han perdido todo.

Desde que Francisco asumió la más alta representación vaticana, millones de personas han reconocido en su persona esa simplicidad y bonhomía que le ha permitido cultivar la más alta estima y simpatía en diversas latitudes.