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Año del Buen Servicio al Ciudadano
SÁBADO 21

de octubre de 2017

HOMENAJES

Cien años de Violeta Parra

Violeta del Carmen Parra Sandoval, compositora, cantante, escritora, poeta, artista, investigadora, dejó un legado invalorable a la cultura latinoamericana. Quién no ha escuchado Gracias a la vida, un himno a la existencia.

6/10/2017


Diana Miloslavich Tupac

CMP Flora Tristán

Nació en San Fabián de Alico, provincia de Nuble, al sur de Chile, el 4 de octubre de 1917. Para 1932, con 15 años, se fue a Santiago en busca de su hermano Nicanor. Estudió en la Escuela Normal y, junto con su hermana Hilda, cantó en barrios populares. Conoció a Luis Cereceda, trabajador ferroviario, con quien se casó en 1938, y tuvo a Isabel y Ángel. De un segundo compromiso tuvo dos hijas, Carmen Luisa y Rosita Clara. Sin duda, para una mujer libre como ella, sus experiencias matrimoniales fueron complejas, en un momento en el que las mujeres no tenían derechos reconocidos y lo que ella sabía era cantar.

Impulsada por su hermano Nicanor, se dedicó a desenterrar la música que había escuchado de niña e inició un trabajo de recopilación y de memoria de la cultura popular. Grabó sus primeros discos con canciones populares, trabajó en Radio Chile, ganó el premio Caupolicán y se hizo conocida en su país.

José María Arguedas, nuestro escritor emblemático, dijo de ella que era un caso excepcional del arte latinoamericano y la comparó con compositores como Bartok o Manuel de Falla. Expresó: “Ella es lo más chileno que yo tengo la posibilidad de sentir y, sin embargo, es lo más universal que he conocido de Chile”.

Violeta viajó a Europa en 1954 y permaneció en París dos años, donde registró sus primeros discos LP y grabó para la BBC de Londres. Regresó a Chile y dirigió el Museo de Arte Popular de la Universidad de Concepción, donde continuó su trabajo de recopilación musical. En su segunda visita a Francia, escribió la canción La carta, cuando le informaron que su hermano Roberto había sido detenido durante un paro nacional en Chile.

Más tarde, llegaron las arpilleras como canciones que pinta. Su hija Isabel recuerda en El Libro Mayor de Violeta Parra que la primera arpillera de yute natural fue bautizada por Nicanor Parra como ‘La cantante calva’. Esta fue otra dimensión artística de Violeta Parra, que es un referente latinoamericano.

Cantó en la Peña de los Parra, en Santiago, con sus hijos Isabel y Ángel. Por último, regresó a la Carpa de la Reina, en el parque La Quintrala, donde buscó levantar un Centro de Arte Popular, una nueva búsqueda donde cantaba, componía, esculpía, bordaba, cocinaba en una carpa de circo en Santiago, y trabajaba elementos vivos con el público, cerquita como ella quería. Es allí donde se quitó la vida el 5 de febrero de 1967.

En 1966, en una entrevista de radio en Punta Arenas, declaró: “Creo que las canciones más lindas, las más maduras, las más enteras que he compuesto son Gracias a la vida, Volver a los 17 y Run Run se fue pal norte”.

Violeta Parra, la guitarra indócil, como lo expresó Patricio Manns, nos dejó a varias generaciones su música, su poesía, su compromiso con las culturas populares, en especial la mapuche.