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Año del diálogo y la reconciliación nacional
MARTES 20

de febrero de 2018

ENFOQUE

CNM y Asamblea Constituyente

Estamos en la cuenta regresiva de nuestra gestión como titulares del Consejo Nacional de la Magistratura. Y, con ello, el momento de hacer un balance de lo hecho en más de 800 días al mando de la institución. En entregas anteriores hemos resaltado algunos de los logros de nuestra administración. Confesamos que no es muy cómodo que el mismo representante destaque los éxitos de la representada.

9/2/2018


Guido Aguila Grados

Presidente del Consejo Nacional de la Magistratura

Empero, en un medio donde permanentemente se vende negatividad y desesperanza, no nos dejaban muchas alternativas. Esta vez nos detendremos en el platillo del “debe”. ¿Qué es aquello que proyectamos y no hemos podido realizar durante nuestra dirección del CNM?

Sin dudas, encontramos como tareas pendientes todas aquellas reformas que no han sido posibles porque estamos presos de una normatividad constitucional y legal que habría que formatear totalmente. Tenemos la seguridad de que los constituyentes y legisladores que realizaron el diseño y desarrollo del sistema de justicia tuvieron la mejor intención. Cuando la historia nos da la posibilidad de escribir algunas líneas, todos procuramos hacer nuestra mejor caligrafía. Sin embargo, no siempre se llega a conseguir lo planeado. Así, en el ámbito de la justicia tanto la regulación constitucional como la legal han sido mezquinas con el CNM.

Por un lado, le han dado la responsabilidad de nombrar a todos los jueces y fiscales del país y; por otro, no le da la posibilidad de formarlos –la Academia de la Magistratura que, en la Constitución está en el capítulo del Consejo Nacional de la Magistratura, pertenece al Poder Judicial (¿?)–. Tampoco de hacer un seguimiento a su performance disciplinaria. Incluso no se logra la reforma sobre la forma de elegir a sus integrantes.

Es cierto que existen mecanismos de reforma constitucional y variación legal para ser activados. Aun así, en el ámbito del poder, en general, y la justicia, en particular, un cambio significa un trasvase de facultades de un órgano a otro.

Y cada institución cuida su cuota de poder como los primeros inmigrantes norteamericanos a un pedazo de tierra conquistada. De tal forma que una mutación en el diagrama inicial es como un parto de mujer primeriza. Además, existe el riesgo de que los cambios no sean estructurales, sino parches aislados.

Por ello, la posibilidad de convocar a una Asamblea Constituyente es una gran noticia. No porque la actual Carta Magna sea buena o mala, sino como oportunidad de rediagramar de manera orgánica nuestro sistema de justicia y la garantía y eficacia de los derechos fundamentales, ad portas de nuestro bicentenario republicano.

Una nueva Constitución no es la panacea, pero sí una hermosa posibilidad para optimizar nuestra norma máxima y corregir defectos. Bienvenida, Asamblea Constituyente.