Tipo de cambio:

Compra: 3.335

Venta: 3.340


Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
MIÉRCOLES 19

de junio de 2019

PANAMERICANOS

26 JUL AL 11 AGO

PARAPANAMERICANOS

21 AGO AL 01 SEP

LA HISTÓRICA VISITA DE ERNEST HEMINGWAY AL PERÚ

Con Ernest en Cabo Blanco

Fue en abril de 1956 que el aventurero y novelista estadounidense arribó a la costa norte peruana en busca del merlín negro que deseaba pescar para la película de El viejo y el mar. Tres cronistas fueron a su encuentro. El resto es leyenda.

2/6/2019


José VadilloVila

jvadillo@editoraperu.com.pe

El barbado que bajó de las escalinatas del vuelo chárter número 702 de Panagra, que aterrizó en Talara, Piura, a las 7:30 de la mañana, parecía un papanoel de vacaciones: colorado, no muy alto y vestido en impecable traje gris, saco y corbata oscura, cuidaba la testa con una gorrita blanca –de las que llamaban jockey.

Cojeaba ligeramente, “era producto del impacto de una esquirla de obús recibida durante la guerra, cuya secuela le dejó esa cadencia similar a la de un enorme gorila cuando camina”, escribe el periodista Omar Zevallos en su libro Hemingway desconocido. Cuatro crónicas secretas sobre el escritor en el Perú y en el mundo (Lima, Debate, 2019).



A la caza del nobel

Los cables lanzaron la noticia de que el nobel de Literatura 1954, Ernest Hemingway, llegaría al norte del Perú con sus aparatejos de pesca en busca de un gran merlín negro que serviría para la versión cinematográfica de su novela El viejo y el mar.

La novela breve arrancaba con uno de los párrafos más memorables de la literatura universal: “Era un viejo que pescaba solo en un bote en el Gulf Stream y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez”. El crítico barcelonés Carlos Pujol (1993) apuntó sobre la obra: “En 1952 El viejo y el mar, que se publicó primero en la revista Life y luego en forma de libro, fue un gran acontecimiento. La obra tuvo inmediatamente millones de lectores, los beneficios fueron cuantiosos y la crítica muy favorable. […] La lucha del hombre y el pez, solos frente a frente, mar adentro, es una parábola del individualismo que extrae de su derrota ante las fuerzas de la naturaleza”.

Los tres diarios más importantes de Lima enviaron a sus periodistas estrellas a recibir al autor de Por quién doblan las campanas: Jorge Donayre Belaunde (La Prensa) y Mario Saavedra-Piñón (El Comercio) y Manuel Jesús Orbegozo (La Crónica). No todos los días llegaba al país una celebridad mundial de la literatura. Ahí, a los pies del avión, Hemingway improvisó una conferencia de prensa con el trío de “colegas”.

Manuel Jesús Orbegozo (1923-2011) entonces era jefe de informaciones de La Crónica. En la primera entrega que dictó por teléfono para la edición del día siguiente de La Crónica, la del martes 17 de abril de 1956, narró:

“Hemingway es estupendo. […] Lo de novelesco y de humano que se le atribuía es cierto. Hemingway respondió a todas las preguntas que se le plantearon haciendo gala de enorme sentido de la vida. Casualmente cuando se le hizo una pregunta sobre la vida, él respondió que lo importante era durar. ‘Mi éxito –dijo– está en eso, en que hasta la fecha he durado 56 años”.

El Panagra trajo a ‘Papá Hem’ desde Miami junto a su cuarta y última esposa, Mary Welsh; el banquero nacional Enrique Pardo Heeren, presidente del exclusivo Fishing Club de Cabo Blanco (solo apto para 11 multimillonarios y sus amigos del jet set mundial). Sus cercanos amigos cubanos: Gregorio Fuentes (capitán de su yate) y Eliseo Argüelles. También lo acompañaba un equipo de filmación de la Warner Bros., encabezado por un productor de apellido Miner, cuya labor sería registrar la pesca del famoso merlín negro.

A Hemingway lo precedía su enorme fama: cazador en safaris en el África subsahariana, enviado especial que sobrevivió a dos guerras mundiales y a la Guerra Civil Española, mujeriego y, claro, su alta pluma.



Brebajes y a la mar

Los periodistas, conocedores de su gusto refinado por el máximo brebaje de la tierra de los incas, el pisco, le regalaron una botella de Pisco Vargas con una dedicatoria de las que ya no acostumbran hoy los hombres de prensa: Mientras lloren las uvas, beberemos sus lágrimas. A Ernest Hemingway, de sus novatos colegas y admiradores peruanos.

Entonces, el nobel de Literatura apuró la conferencia con los periodistas y los despidió para enrumbar hasta Cabo Blanco, a 32 kilómetros de distancia. A las dos de la tarde de ese mismo día, luego de instalarse, realizaba su primera jornada en el mar. Y el equipo de filmación iba a la caza de las imágenes del nobel pescador.

“En Cabo Blanco, donde actualmente el célebre novelista trata de pescar el merlín que es mudo protagonista de la obra, hay también un viejo –Don Emilio– y un muchacho –Rodrigo–, que podrían tranquilamente convertirse en los personajes de El viejo y el mar”, narró Orbegozo.

Durante los 36 días que permaneció en Cabo Blanco, el novelista estadounidense sacaría el jugo a sus 56 años bien vividos y bebidos, y se embarcaría a diario, en jornadas que se iniciaban a las ocho de la mañana y terminaban 10 horas después, en la embarcación Miss Texas, que la capitaneaba el peruano Jesús Ruiz.

Su esposa, Mary, los secundaría en otro yate. Y cada atardecer se embarcaría en otras pescas, en la barra del barman del club, Pablo Córdova. Su trago recurrente era el blended: que consistía en beber whisky puro y acto seguido beber un gran trago de agua “porque le gustaba que la mezcla se produjera en el estómago”, apunta Omar Zevallos en su libro. El periodista arequipeño dice que el nobel, en sus 36 días de estancia en la caleta norteña, pescó “una docena de enormes merlines negros a los que hacía saltar fuera del agua para que el equipo de filmación de la Warner pudiera captar las mejores imágenes para la película.”




Cifra

36 díasel escritor pescó en las costas de Cabo Blanco.