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Año del diálogo y la reconciliación nacional
MARTES 20

de febrero de 2018

APUESTA POR LA RESOCIALIZACIÓN

Con la mente ocupada

El programa piloto Chaska brinda a un grupo de internos del penal de Luringacho diversos talleres manuales, consejerías y ejercicios físicos. Trabaja en el pabellón 21, el cual por años fue el más olvidado del famoso “Luri”.

12/2/2018


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe


1.-Por los dorsos de la mano, por los dedos, se dibujan tatuajes. Nudillos que supieron de cogotear, de broncas, de delitos, del humo, y hoy aprenden a tejer a palito; con hilos del sintético “colita de rata” crean un bolsón-mochila, por ejemplo.


Jeri Huertas va domando el verbo tejer. “Todos queremos estar aptos para la sociedad cuando salgamos”, dice. Veintisiete años, cuatro de ellos “adentro”, pagando una condena.

Hace 18 meses tocó las puertas del programa Chaska. Escuchó que, mediante diversas actividades, buscaba prevenir el excesivo consumo de drogas, ese segundo infierno que viven los internos de “Luri”.

No creyó que sus manos servían para crear. Ahora hace manualidades, “diseños”, cerámicos. Está aprovechando estos dos años que aún me faltan purgar condena, para “ser otro hombre”. Aquí descubrió la fe y asiste a una de las cuatro iglesias que funcionan en el pabellón 21. “Va a salir otra persona”, jura por los suyos.

2.- “Nunca había tejido” es una frase que ha escuchado como ripio desde hace tres años, la profesora Blanca Suárez. Por las mañanas, interdiario, dicta el taller de manualidades de Chaska.

A esos alumnos, con rostros adornados con cicatrices, narices rotas, miradas desafiantes, Blanca les enseña a tejer a croché; tallados en madera, cera y jabón; a hacer portalapiceros… Uno de ellos ya alista románticos ositos de peluche para el 14 de febrero. “La mayoría le pone ganas porque no lo ven como un trabajo, sino como una terapia”, cuenta la profesora.

Por las tardes, los integrantes del programa sacan sus steps y hacen full body. Terminan hecho trapos. Y descansan mejor por las noches. Sin angustias.

3.-Chaska es una palabra quechua que significa “estrella” en español. Sale a las 8:30 de la mañana, y se oculta a las 5:00 p.m. Una vez por semana los del programa reciben terapia psicológica, tienen “talleres” con una asistenta social.

Ellos deben cumplir un decálogo: no hablar “palabras soeces”; no coger cosas ajenas; hablar con la verdad; mantenerse aseados. Si faltan, deben de traer una justificación hospitalaria, psicológica, etcétera. Cada mes les hacen un examen toxicológico para ver si han vuelto al consumo. Es el reto. “Lo más importante es que los tratemos como personas”, dice la psicóloga María Delgado, coordinadora del piloto desde hace dos años.

Hay criterios para integrarlos al piloto: la mayoría tiene entre 18 y 24 años; han consumido drogas o están en abstinencia por medio año. 40% se retira. Recaen. Se van “al mundo”, como dicen. Se les permite volver, pero después de varios meses.

Chaska es un programa “ambulatorio”. Es su problema. El chequeo del “consumo” pueden hacerlo hasta las 5 de la tarde, después los especialistas se van. Y queda a voluntad de cada reo, caer en drogas, pues los dos servidores nocturnos del Inpe solo ven la seguridad de los 487.

4.-Lurigancho tiene el triste mérito de ser el penal más grande y hacinado del continente americano. Y el pabellón 21, donde el programa Chaska cumple dos años como piloto, fue lo último: el más olvidado, donde supuestamente solo llegaban los drogos.

En el 21 cumplen condena 487 internos. Algunos todavía duermen sobre cartones. Sus sentencias hablan que la mayoría cayó por robo agravado. Que, en promedio, tienen menos de 25 años.

El 15 de junio de 2017, el Inpe retomó el control de Lurigancho tras 30 años que estuvo a cargo de la Policía. Lo primero, se regularizó la “estadía”, los presos ya saben que pertenecen a este pabellón.

El director del penal, Jaime Huamaccto, cuenta que ha pedido que se haga del 21 “un pabellón con todas las condiciones; de tres pisos, con talleres, etcétera”. En diciembre pasado, empezó a potenciar el programa Chaska, habilitándole un espacio físico para el trabajo, ordenando y arreglando las lozas del olvidado pabellón.

“El tema de las drogas es fuerte en Lurigancho. Nosotros hacemos incautaciones a la hora de ingreso, pero tenemos entre 5,000 y 6,000 visitas al día. Y ver a todas las personas sus partes íntimas, es difícil. El Inpe comprará máquinas para escanear paquetes y personas. Y ya tenemos el sistema de huellas dactilares”. Huamaccto quiere a todos los presos en tratamiento; educándose, trabajando, “redireccionados”. “A los que quieren generar caos los trasladamos a penales de régimen especial. Ya tenemos 52 internos en espera de ser trasladados”, comenta. La mayoría se ha puesto a derecho porque no quieren ser trasladados al penal de Cochamarca, a más de 3,000 metros, en la provincia de Oyón.

5.-Vladimir Felipe va para los 6 en “Luri”. Conoce bien al monstruo por dentro. “Este penal ha cambiado bastante. Hay más orden, más limpieza en todo”.

Hace cuatro años se hizo evangélico; hace tres está en Chaska. “El programa me ayuda bastante para desarrollar mi mente. Mi esposa está alegre por mi cambio. Ya tengo otro pensamiento. Metas, objetivos. He aprendido a ser responsable”.

Desde la “retoma”, Arturo Sernaqué es el técnico del 21. Esta a cargo de la seguridad de más de 400 presos. “Hay que tener mucho carácter, uno es la autoridad, pero también les aconsejamos”, dice. Le gusta ver a los presos que se rehabilitan con Chaska. “Aquí, quien quiere cambiar y dedicarse a cosas productivas, lo hace”. Así de simple. Así de difícil.