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Año del Buen Servicio al Ciudadano
MIÉRCOLES 13

de diciembre de 2017

EFRAÍN SOTACURO SUEÑA CON TRIUNFAR

corazón valiente

Es embajador deportivo y anhela ganar medallas en los Juegos Lima 2019.

22/7/2017


Juan Sánchez Ortega

jsanchez@editoraperu.com.pe

Pocas veces Efraín Sotacuro voltea su mirada hacia atrás y si lo hace es para ver cuánto avanzó en una competencia. Tenaz y luchador son las cualidades de este deportista nacido en Huancavelica y que la vida golpeó, pero a la vez le dio la oportunidad de renacer y convertirse en una de las cartas peruanas en los Juegos Parapanamericanos Lima 2019.

Efraín tiene 26 años y es ‘embajador deportivo’ de los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos Lima 2019. Esta designación lo enaltece porque asegura que le servirá de aliciente para seguir adelante en la búsqueda de su sueño: subir al podio.

Sotacuro es un maratonista nato. Nunca se cansa y en sus entrenamientos, que realiza en el Centro Alto Rendimiento de Huancayo, se entrega al máximo durante 25 horas semanales. Alterna ejercicios físicos con resistencia pura.

Los dotes para correr los adquirió desde niño porque transitaba largas distancias para asistir al colegio. Debía salir a primera hora de la mañana si deseaba llegar a tiempo. Igual era el retorno. Por las tardes, volvía a caminar grandes tramos con el objetivo de ir a la ayuda de sus padres en la siembra de un huerto familiar. No obstante, el fútbol lo atrapó en la juventud.

No todo fue fácil para el deportista, quien con orgullo resalta que nació en el Centro Poblado Paltamachay, distrito de Yauli (Huancavelica).

Sotacuro mira con optimismo cada paso que da en el deporte. La vida le enseñó a generar esa mística luchadora desde que tenía 17 años, cuando se quedó sin brazos (el izquierdo lo perdió desde la parte baja del codo y la derecha desde encima del codo) luego de una descarga eléctrica potente que cayó sobre él.

Horas de lucha

Todavía recuerda el fatídico agosto del 2008 cuando él, junto con un primo, fue a visitar a su padre que trabajaba en la mina de Casapalca. En el camino encontraron una cueva abandonada que tenía cables sueltos por los suelos. Efraín al ver que su acompañante comienza a jugar con uno de los alambres sin pasarle nada, empieza a tocarlos también desde la parte superior, lo que hizo que se pegue como imán a una torre de alta tensión. Perdió el conocimiento durante 40 minutos. Sus familiares lo creyeron muerto. Tras ser derivado a Lima y luego de cinco días sus manos comenzaron a pintarse de color negro y perdía el sentido del tacto. Los doctores tuvieron que amputarle tres dedos. Un mes después hicieron lo mismo con un abrazo y al siguiente mes le tocó el otro.

Le costó aceptar la discapacidad. Era como nacer nuevamente ya que tuvo que entrenar fuerte para realizar sus cosas elementales. Hace tres años la sonrisa volvió a su rostro cuando decidió entrar al atletismo por consejo de una trabajadora del Conadis, quien revisando su hoja de vida para inscribirlo como persona con discapacidad le recordó que poseía la cualidad de correr.

“No fue fácil, pero tampoco nada imposible. Incluso me quería matar porque me sentía una carga para mi familia. No podía asearme ni cambiarme si no era con ayuda. Poco a poco pude salir adelante. El deporte me cambió la vida. En los entrenamientos soy feliz y me ilusiono siempre con regalarle triunfos a mi país”, señala Sotacuro.

Dato

15 mil dólares necesita para obtener unos brazos biónicos