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Año del Buen Servicio al Ciudadano
MARTES 12

de diciembre de 2017

EN MEMORIA DE ORLANDO IZQUIERDO

Cuando muere un Tigrillo

El recientemente desaparecido artista era uno de los representantes de la plástica amazónica, pasión que unía a su preocupación por la suerte de los niños de menos recursos y su devoción por la Blanquirroja.

26/11/2017


Luz María Crevoisier

Periodista

Don Orlando Izquierdo Vásquez, llamado  por gracia natural El Tigrillo, se fue a habitar a la región del Hurín Pacha, donde lo esperaban desde siempre los seres mitológicos del universo selvático.

Se fue y ahora lo lloran la paloma colorada, el benteveo y la oropéndola que se embriagaban con los colores y las formas de sus telas. No está, y en el brasero quedarán esperando para siempre el inchicapi de gallina, la cazuela de pescado y los juanes de yuca acompañados por el uvachado y la famosa aguajina. Platos y bebidas predilectos que seguramente degustaría para celebrar el triunfo de la selección nacional.

Se fue en setiembre de este año, pero nos queda a quienes lo admiramos su exquisita obra pictórica y su gran labor social.

Homenaje

En memoria del artista moyobambino, la Casa Museo Mariátegui (avenida Washington 1940, Cercado de Lima) presenta una selección de sus creaciones hasta fines de noviembre.

Actuó como curador su hijo Orlando Izquierdo Quea, con quien lo unía el cordón umbilical del arte y la común preocupación por mejorar la calidad de vida de niños y niñas de escasos recursos económicos.

“El Tigrillo era muy aficionado al fútbol y esperaba que una nueva generación de futbolistas lograra la clasificación al Mundial de Rusia 2018”, nos manifiesta Júnior, después de comentar el triunfo peruano.

“Admiraba mucho a la histórica selección de la década de 1970, que obtuvo repetidos logros. Especialmente, estimaba a jugadores como Roberto Challe, Julio Baylón y el chalaco Oswaldo ‘Cachito’ Ramírez. Su anhelo era que se crearan talleres gratuitos para apoyar a los chicos de escasos recursos y así descubrir nuevos valores”, detalla el artista plástico, respecto a su padre, al Diario Oficial El Peruano.

Deseos

Uno de los sueños logrados del Tigrillo fue viajar a París. Eso lo consiguió dos veces consecutivas. Su anhelo se materializó a los 81 años, con un físico y ánimo que desdecían esa edad, refiere su hijo.

“Estos dos viajes le permitieron tener un nuevo diálogo plástico universal porque pudo recibir información de las variadas corrientes de diferentes países y, a su vez, dar a conocer el arte que hacemos en el Perú”, cuenta su hijo, que le sigue los pasos.

El resultado de su viaje fue la muestra unipersonal Besos y abrazos en París.

Sensibilidad entre pinceles

“El Tigrillo nació en Moyobamba y adoptó este seudónimo por la agilidad y astucia que posee ese felino americano. Desde los 12 años se inició en el arte y dominó el óleo, pastel, la sangina, la tinta china y el carboncillo. Es auténticamente autodidacta, pero amante de la enseñanza. Se graduó en la Católica de profesor”, nos refiere su hijo Orlando.

Se inauguró como pintor en 1986, exponiendo a campo abierto en el muelle de pescadores de Pucusana, junto al mar, las gaviotas y algún velero dormido. “Quiero, amo mucho a mi país, de esas realidades culturales y paisajistas me nutro; por ello me considero un pintor cronista de aquellas manifestaciones”, recuerda Orlando que le decía su padre.

Pero no todo fueron pinceles y colores para este hombre que descubrió en la mujer su principal fuente de inspiración. “Los niños pobres lo entristecían y desde hace 35 años les daba clases gratuitas de arte en el Taller Víctor Humareda, de San Martín de Porres; con ellos festejaba la Navidad”, refiere.