Tipo de cambio:

Compra: 3.244

Venta: 3.246


Año del Buen Servicio al Ciudadano
MIÉRCOLES 18

de octubre de 2017

PERFILES

Diego Ferré

Fue el ayudante de Miguel Grau, el oficial que estuvo cerca del egregio marino durante toda la insólita campaña del Huáscar y, finalmente, en el Combate de Angamos, encuentro en el que, en un día como hoy –8 de octubre–, una granada enemiga impactó en la torre, mató al almirante Grau y dejó moribundo al teniente primero Diego Ferré, su valeroso ayudante. Juntos pasaron a la gloria eterna.

8/10/2017


Domingo Tamariz Lúcar

Periodista

Diego Ferré Sosa nació el 13 de noviembre de 1844, en el distrito de Reque, sin que los padres lo previeran. Sucedió que el día anterior, sus progenitores, Eusebio Ferré y doña María Mercedes Sosa, quienes residían en el pueblo vecino de Monsefú, habían ido a Reque a visitar a unos familiares y se les hizo tarde el regreso a casa. Fue en esas circunstancias que doña María Mercedes dio a Luz a Diego, de ahí que la infancia del futuro marino transcurriera en Monsefú, donde su padre fue alcalde tres veces.

Diego estudió la instrucción primaria en la Escuela Nacional de Lambayeque y la secundaria en el Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe de Lima (1859-1864).

Al año siguiente fue inscrito en el Colegio Naval Militar. Su vocación de marino comenzaba hacerse realidad. A fines de ese año rindió examen ante un jurado presidido por el ministro de Guerra y Marina, José Gálvez Egúsquiza, quien impresionado por su soltura y conocimientos, le ofreció al término de su actuación los despachos de guardiamarina. El ministro Gálvez, futuro héroe del Combate del 2 de Mayo, fiel a su palabra, el 14 de enero de 1866 le otorgó el grado de guardiamarina, y lo destinó a la corbeta América recién llegada al Callao para hacer frente a la Escuadra Española en el sur del país.

Eran los días en que la Escuadra Española del Pacífico se abría a nudo desafiante en mares sudamericanos con el avieso propósito de imponer nuevamente su soberanía en nuestros países. A bordo de la corbeta América, el joven Ferré tuvo su bautismo de fuego. Fue en el sur, en el Combate de Abtao, donde tres naves peruanas, junto con la Covadonga chilena –unidas en virtud de una alianza–, humillaron a la escuadra ibérica, el 17 de febrero de 1866. Su actuación en ese encuentro le valió su ascenso a teniente segundo. Ferré sirvió en la victoriosa fragata América hasta que esta naufragó en el devastador maremoto de Arica, ocurrido el 13 de agosto 1868.

Luego formó parte de una comisión para traer de Estados Unidos de América los monitores Manco Cápac y Atahualpa. A bordo del primero hizo un largo y penoso viaje que tuvo visos de odisea. Realizó la travesía desde Nueva Orleans –principal puerto del río Mississipi– al Callao, a través del Estrecho de Magallanes.

Ni bien retornó a la patria, Ferré fue ascendido a teniente segundo. Transcurría el 19 de marzo de 1870. Pasó luego a la dotación del vapor Tumbes, posteriormente a la del monitor Huáscar, en el que se embarcó por primera vez el 8 de diciembre de 1871 y en el cual años después se cubriría de gloria. A continuación sirvió en la fragata Independencia y otras unidades. Promovido a la clase de teniente primero fue nuevamente destinado al Huáscar. Se hallaba en el histórico monitor cuando estalló la Guerra del Pacifico.

El comandante Miguel Grau, que solo contemporizaba con el mérito, distinguió a Ferré haciéndolo su ayudante. Y en esa responsabilidad, hizo la campaña naval de 1879 en el Huáscar, el glorioso monitor que durante seis meses después de declarada la guerra puso en jaque a la poderosa Armada chilena. Ferré participó en la ruptura del bloqueo de Iquique, bombardeo de Antofagasta, captura del transporte Rímac y en todas las hazañas que realizó el Huáscar hasta el 8 de octubre de 1879, día del Combate de Angamos, en el que Ferré se comportó con gran denuedo y arrojo.

Como ayudante del comandante Grau, estuvo a su lado durante la acción. En cumplimiento de una orden suya, en pleno ataque chileno, logró izar el pabellón peruano, que minutos antes había sido arriada por el fuego enemigo.

En el Combate de Angamos, una granada lanzada desde el Cochrane impactó en la torre del comandante del Huáscar y segó la vida del almirante y de su leal y valeroso ayudante. Pensar que Ferré solo contaba con 35 años. “Ferré no era una notabilidad como marino –apuntan sus biógrafos–, pero era un oficial de honor, con los conocimientos suficientes para representar al cuerpo del que formó parte ante cualquier marina del mundo”.

Sus restos descansan en la Cripta de los Héroes del Cementerio Presbítero Maestro.