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Año del Buen Servicio al Ciudadano
SÁBADO 23

de setiembre de 2017

ENFOQUE

El CNM que no se conoce

En el entorno artístico suele mostrarse un notable sentimiento de reconocimiento y gratitud. Al final de una obra teatral se toman de las manos y agradecen no solo los actores, sino también del que coloca y retira los muebles en cada escena. Al final de un filme cinematográfico, en los créditos aparece hasta el nombre de los maquilladores.

6/9/2017


Guido Águila Grados

Presidente del Consejo Nacional De La Magistratura

En el sector justicia no se tiene esa concepción conjunta. Las salas del Poder Judicial adoptan el nombre de su presidente. En los organismos colegiados, la figura del titular es excluyente con respecto a los demás. El presidencialismo heredado por el caudillismo omnipresente en nuestra historia muestra en el sector justicia su versión más genuina. Es lamentable. Se sobrevalora el individualismo y se desdeña lo colectivo.

Esta realidad cobra dimensiones mayores cuando el veredicto sobre una institución se concentra únicamente en su estamento más alto. Así, el análisis es engañoso e injusto. En el Sistema de Justicia, en general, y en el Consejo Nacional de la Magistratura, en particular, los diversos diagnósticos no toman en cuenta al gran soporte institucional: los funcionarios y colaboradores de la institución.

Ninguna de las voces que claman por una reforma del Consejo Nacional de la Magistratura toma en cuenta, ni siquiera tangencialmente, a quienes están antes y después de los consejeros: las 300 personas que sostiene el día a día institucional. Es el CNM que no se conoce. A muy pocos les importa que todos los años haya un desguace de profesionales valiosos que han logrado experiencia y competencia en las responsabilidades constitucionales en la institución responsable de la designación de jueces y fiscales en toda la geografía peruana.

El Poder Judicial, el Ministerio Público, el Jurado Nacional de Elecciones y diversos ministerios, en ese orden, son las instituciones a las que migran mayormente. Y los que apuestan por consolidarse y desarrollarse en la institución encuentran en las normas presupuestales y de contrataciones, un muro infranqueable en el que estrellan su futuro laboral.

Con el paso de los días, los bachilleres se hacen abogados, los abogados obtienen grados de magíster y doctor y, sobre todo, destrezas. Empero, hay escaso margen de crecimiento. Para que exista la posibilidad de que un subdirector ascienda, tiene que esperar a que muera el director.

Al CNM se le pide una performance superlativa y sostenida en el tiempo, lo cual está muy bien, pero con un presupuesto que no se mueve hace más de un lustro. Con una piedra y una lata de leche evaporada se quiere escuchar los acordes de una sinfonía. Un nuevo predio es importante, pero lo es más aún crear las condiciones para quienes van a laborar en él. Y en el sector justicia, no hay extras, todos somos protagonistas.