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Año del diálogo y la reconciliación nacional
DOMINGO 20

de mayo de 2018

APROXIMACIONES

El pensamiento y los enigmas de la razón

7/5/2018


César Escajadillo

Coordinador de la Maestría en Filosofía-Uarm

Uno de los rasgos que caracteriza a nuestra especie es la razón, la capacidad de pensar de manera lógica o inferencial. Sin ella no sería posible el conocimiento, la ciencia ni el avance tecnológico. Esta creencia, muy arraigada en nosotros, parece ir en contra de la amplia evidencia que demuestra que las personas tendemos a razonar de manera deficiente, a menudo de manera sesgada e irracional, en situaciones comunes de todos los días.


Una muestra de ello es la falacia de la conjunción, un yerro en el razonamiento que se produce al considerar diferentes escenarios hipotéticos y estimar su nivel de probabilidad. Por ejemplo, considérense los siguientes escenarios sobre el próximo partido del mejor tenista de la actualidad: a) que pierda un set; b) que pierda un set y gane el partido. ¿Cuál es más probable? (dejo al lector la resolución del ejemplo).

Otro caso de razonamiento defectuoso es el llamado “sesgo de confirmación”, la tendencia a privilegiar la información que confirma nuestras creencias y a pasar por alto la información que las contradice. En un experimento realizado con estudiantes de la Universidad de Stanford se dividió a los participantes en dos grupos según su posición sobre la pena de muerte (a favor y en contra). A ambos se les presentó información fabricada expresamente para apoyar y rechazar la medida. El resultado fue que cada grupo dio mayor credibilidad a la información que confirmaba su manera de pensar y menor credibilidad a la información que no lo hacía; incluso, al final del experimento, los participantes manifestaron estar más seguros de su posición que al inicio.

Si la razón es una facultad diseñada para pensar lógicamente, ¿por qué somos proclives a razonar de manera ilógica y sesgada? En un libro publicado el año pasado con el título El enigma de la razón, los científicos cognitivos Dan Sperber y Hugo Mercier intentan responder esta pregunta atendiendo a los factores que condicionaron la aparición y evolución de esta facultad hace miles de años.

La tesis de los autores es que la razón no evolucionó para resolver problemas lógicos, sino para afrontar problemas relacionados con la socialización humana: fundamentalmente, en quién confiar y con quién cooperar. Como se sabe, somos una especie ultrasocial capaz de establecer redes de cooperación que incluyen a decenas y, a veces, cientos de individuos, lo que genera una serie de dificultades relacionadas con la coordinación. Según Sperber y Mercier, la razón habría evolucionado para hacer frente a esas dificultades: para persuadir e influenciar sobre el resto antes que para razonar de manera precisa.

Una consecuencia de este planteamiento es que algunos hábitos mentales que pueden parecer tontos o desencaminados desde una perspectiva lógica (como el sesgo de confirmación) fueron, en realidad, adaptativos, desde una perspectiva evolutiva, y podrían seguir cumpliendo esa función hasta hoy.