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Año del Buen Servicio al Ciudadano
LUNES 11

de diciembre de 2017

PERFILES

Elías Aguirre

Cuando estalló la Guerra del Pacífico, Elías Aguirre estaba fuera de servicio, consagrado a una gerencia en Iquique; no obstante, mostrando un patriotismo a prueba de cañones, pidió su inmediata reincorporación a la Marina de Guerra, su alma mater. Fue un hermoso gesto, digamos, de sublime amor a la patria. En esa coyuntura, Miguel Grau, sabiendo de sus méritos y arrojo, pidió al consejo de guerra su transferencia al monitor Huáscar como segundo comandante. Bajo ese signo, el 8 de octubre de 1879, combatiendo al lado del Caballero de los Mares, pasó a la gloria eterna.

1/10/2017


Domingo Tamariz Lúcar

Periodista

Elías Aguirre Romero nació en Chiclayo, capital de la región Lambayeque, el 1 de octubre de 1843. Fue el primogénito de los esposos Carlos Aguirre y María Candelaria Romero. Tan pronto concluyó su instrucción primaria, sus padres lo enviaron a Lima para que continuara sus estudios bajo la tutela de sus tíos José y Manuel Romero (1854). Ya en la capital, fue inscrito en el El Liceo, que dirigían los hermanos Pérez, y posteriormente en el que regentaba don Jacobo López Castilla, destacando en ambos institutos por sus buenas notas.

A los 15 años, Elías ya había decidido su futuro: sería marino. Ingresó a la Escuela Naval Militar en 1858, y dos años después se graduó de guardiamarina. Hizo sus primeras armas en la fragata Amazonas. Ascendió a alférez de fragata el 20 de enero de 1864, y a teniente segundo el 11 de junio de 1865, año en el que fue enviado a Valparaíso, junto con otros cuatro oficiales, para recibir la corbeta Unión, que bajo el comando de Grau venía de Europa.

Durante el conflicto con España participó, a bordo de la Unión, en el combate librado en Abtao, entre la Armada aliada y la Escuadra Española del Pacífico, el 7 de febrero de 1866, lo cual le valió el título de benemérito de la Patria y el ascenso a teniente primero.

Ese mismo año, por haber protestado por el nombramiento del comodoro estadounidense John Tucker como comandante general de la Marina (a pedido del presidente Prado), fue separado y enjuiciado –al igual que Grau, quien lideró esa protesta–, mas al poco tiempo volvió a su institución. Integró entonces la comisión que debía traer desde Estados Unidos de América los monitores Manco Cápac y Atahualpa.

En 1870 fue ascendido a capitán de corbeta y en el acto asumió el comando de la Unión y la condujo a Inglaterra, a fin de hacerla reparar. A su retorno fue nombrado subdirector de la Escuela Naval.

Cinco años después, un desafortunado suceso truncó momentáneamente su carrera naval. Bajo su mando, la cañonera Chanchamayo, construida apenas en 1872, se hundió el 13 de julio de 1876 al chocar contra una roca en Punta Aguja. Mostrando una grandeza de alma defendió a todos sus oficiales y pidió para él todo el rigor de la ley. Sometido a juicio, fue declarado culpable y destituido.

Intervino entonces, brevemente, en política abogando por el Partido Civil en las elecciones parlamentarios de 1877. Cuando Chile nos declaró la guerra, Aguirre se hallaba trabajando en una guanera en el Pabellón de Pica, cerca de Iquique. Sin embargo, en una muestra de gran patriotismo ofreció inmediatamente sus servicios a la patria y, a los pocos días, fue reincorporado a su institución y destinado nuevamente a la Unión como oficial de estado mayor, a bordo de la cual intervino en el combate Punta Chipana a una semana de estallar la guerra.

No pasó mucho tiempo, cuando Grau, conocedor de sus méritos y valentía, pidió su incorporación a la plana mayor del Huáscar, en calidad de segundo comandante, petición que se concretó el 28 de julio. Y en esa misión, en l agosto y setiembre acompañó a Grau en sus osados ataques a Antofagasta y puertos chilenos.

Vivió así los apuros y desvelos que entrañaron la campaña del glorioso monitor, hasta la mañana del 8 de octubre de 1879 en la que combatieron contra una escuadra sabe Dios cuántas veces superior. Durante el Combate de Angamos, al caer muerto Grau, asumió el mando Elías Aguirre, y, ante la evidente ventaja material de la escuadra chilena, audazmente ordenó atacar con el espolón al blindado chileno Blanco Encalada. Y en ese bregar, una granada enemiga le voló la cabeza. Así, gloriosamente, junto a Grau y otros valientes marinos, ofrendó su vida por la patria. Tenía solo 36 años.

Sus restos fueron enterrados en Mejillones (costa de Bolivia), pero luego, en 1908, fueron repatriados y conducidos a la Cripta de los Héroes, inaugurado ese año por el presidente José Pardo.