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Año del Buen Servicio al Ciudadano
SÁBADO 18

de noviembre de 2017

En el reino de los chatos

4/11/2017


JOSÉ VARGAS SIFUENTES

Periodista

Hace unas semanas, el Congreso de la República aprobó un proyecto de ley orientado a establecer un marco normativo de protección de los derechos de las personas de talla baja.

La propuesta nos hizo recordar los años sesenta, cuando los primariosos de entonces nos burlábamos unos de otros a causa de nuestra baja estatura, casi generalizada. Apodos como ‘inspector de zócalos’, ‘domador de pulgas’, ‘chinchón del suelo’ y otros eran utilizados como saludo, recordándonos nuestra condición de chatos. Los afectados nos defendíamos asegurando que los mejores perfumes venían siempre en frascos chicos.

Nuestros abuelos decían que quien nació para chato, no ha de crecer, así lo cuelguen de manos con varios ladrillos atados a los pies. Porque, quiérase o no, somos una sociedad de bípedos tamaño económico, o talla small, excepciones aparte.

Lo cierto es que la estatura promedio de los peruanos siempre fue baja. Recordemos, en todo caso, lo que dicen los historiadores respecto a la talla de nuestros antepasados preconquista española.

Según dicen, los incas no eran altos, y sorprendieron a los conquistadores mostrándose cargados sobre una litera, con un vestuario impresionante que los hacía ver más altos de lo que en realidad eran.

Atahualpa y Pachacútec no fueron altos ni espigados, según algunos cronistas. El primero se empinó para que su rescate aumentara y así satisfacer la codicia de sus captores; al segundo, se le “veía” grande por sus conquistas; y Titu Cusi Yupanqui causaba impacto… porque estaba subido de peso.

Hace 1,300 años, dicen los investigadores, la población peruana tenía una estatura promedio de 1.53 metros. Los hombres “se aproximaban” al 1.55 y las mujeres “descendían” al 1.50 metros, aunque cada etnia mostraba variaciones muy propias, según el lugar que habitaban.

Así, el Señor de Sipán, con sus aproximadamente 35 años a cuestas, no superaba el 1.66 metros, y (la momia) Juanita de Ampato, una quinceañera, apenas raspaba el 1.48 metros.

Restos encontrados en Lauricocha permiten establecer una talla promedio de 1.60 a 1.65 metros. Con el tiempo el promedio bajó a 1.59 (hombres) y 1.52 (mujeres), según restos hallados en las huacas Pando, en el valle del Rímac (500 a 700 años a. C.) Sin embargo, la estatura en la antigua Paracas estaba por encima del 1.70 metros, cosa que se atribuye a su cercanía al mar y a la buena alimentación que recibía de este.

En el 2014, un estudio de la OMS determinó que la talla promedio de los peruanos era de 1.65 metros, y la de las mujeres, 1.52 metros.

Hoy se dice que con una buena alimentación el estándar de nuestros descendientes puede “subir” a 1.65 y 1.55 metros. Lo que se necesita es comer bien para crecer más.

Si así ocurriese, ¿dejaremos de ser un país de chatos?