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Año del Buen Servicio al Ciudadano
MARTES 21

de noviembre de 2017

CALIDAD DE VIDA

Enseñar a cuidar

El Inabif capacitó a 166 voluntarios en talleres que realizó en cuatro distritos de Lima para que los familiares aprendan lo básico y atiendan a sus adultos mayores. Se calcula que 100,000 personas velan por el bienestar de sus viejitos.

11/7/2017


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Ya no son los mismos. Ya no están en sus mejores momentos. A veces se engríen. Gritan. Deben tomar sus medicinas a determinadas horas porque las enfermedades ya son crónicas. Duermen pocas horas, casi nada. 

Se debilitan sus mentes, sus huesos, todo. Son incapaces de realizar ciertas funciones como antes. A la edad, a las discapacidades físicas, a los dolores del cuerpo se les pueden sumar problemas de índole psiquiátrica, el alzhéimer, la demencia senil. Bienvenido a la vejez.

Se calcula que cada año aumenta en 60,000 el número de personas adultas mayores en el país. Sí, al paso que el Perú se desarrolla, la sociedad envejece.

El geriatra Pedro Salomé Gamarra dice que solo egresan ocho geriatras cada año: unos 250 especialistas para 3 millones de ancianos peruanos. Ante ello, se necesita que todos los profesionales de la salud sepan atender a los adultos mayores.

Y con la vejez, también los familiares se vuelven cuidadores. Alrededor de 100,000 personas cuidan a personas mayores, pero probablemente no saben cómo hacerlo.

Capacitación

Gracias a que hace dos años el Estado comprendió la problemática del adulto mayor, se asignó al Programa Integral Nacional para el Bienestar Familiar (Inabif) un presupuesto para la atención de este grupo etario, para planes de prevención y atención.

Como parte del tópico de prevención, se iniciaron los talleres de ‘Capacitación de cuidadores familiares de personas adultas mayores y voluntarios’ en cuatro distritos de la capital, que ofrecen técnicas a los cuidadores.

“La institución espera que tengan un efecto multiplicador, que se pueda crear una red de cuidadores familiares, y que las personas los vean como una oportunidad laboral, ya que además de familiares, tenemos vecinos o amigos adultos mayores que necesitan ayuda”, señala el director de la Unidad de Servicios de Protección de Personas Adultas Mayores (Usppam) del Inabif, Rolando Sánchez López.

Una actitud diferente

Sofía Sandoval Muñoz aprendió en la capacitación, que duró un mes, sobre la actitud que debe primar en el cuidado. “Uno cree que ellos continúan siendo normales, pero necesitan un tratamiento especial. Son personas dulces y exigentes, tienen una opinión que no puedes cambiar y requieren una comida especial”.

Aprendió también a darle una alimentación sana a su tía; nada de frituras ni grasas ni panes. A incluir en la terapia el dibujo. Sí, su tía no debe estar ociosa. “El psicólogo dijo que yo, a mis 65 años, no estaba en condiciones de cuidar a mi tía; pero no la voy a patear. Doy gracias a la vida porque me brinda la oportunidad de retribuir lo que ella me ha dado: cariño, educación”.

“Ya tenemos otra perspectiva, sabemos cómo debemos llevar su enfermedad”. Rebeca Vargas y su esposo, Juan de la Cruz, pensaban que a un adulto mayor no se le debía dejar ni caminar; para eso la silla de ruedas; pero en el curso del Inabif que recibieron en Villa El Salvador comprendieron su equívoco: su madre, Paulina, tiene que valerse por sí misma hasta que sus condiciones se lo permitan. La señora fue una gran cocinera. Su hija y su yerno le han comprado colores para que ella pinte y tenga mayor movilidad.

La madre del señor De la Cruz va perdiendo la visión. Lo aprendido también les servirá para actuar con ella. “El Inabif nos abre los ojos para ser un instrumento, y ahora, también otras personas pueden atender a sus familiares, a la comunidad”, dicen.

El poder de servir

“A veces tenemos que cuidar hasta quien no nos cuidó”, recuerda el médico Pedro Salomé. “Es la oportunidad que te da la vida de poder servir. A veces no serán reconocidos por esa labor porque quizá la persona que atiendan tenga demencia, pero en ustedes se ha sembrado este valor que esperamos trascienda a la sociedad”.

Liliana Nina Zárate, de Santa Anita, tiene un papá de 80 años y una mamá de 70. A su edad, su padre tuvo una peritonitis, estuvo internado cuatro meses y luego necesitó una enfermera, pero no le alcanzaba para pagar los 100 soles diarios o contratar por la mitad a alguien que manipulara su colonostomía.

Apareció el taller. No había límites de edad; entonces, Liliana y su madre asistieron y fueron capacitadas; eso les ayudó en su economía, y su padre, al que habían desahuciado, se convenció de que debe tener fuerza de voluntad, calidad de vida; ahora, ya no usa pañales y recorre la casa con su andador.

Con las familias

“La apuesta del Inabif es por restituir el derecho a las familias”, explica el director ejecutivo del Inabif, Alfredo Centurión. “Estamos convencidos de que el mejor lugar para un adulto mayor es estar con los suyos; no es nuestro afán aumentar a los usuarios de los centros de asistencia residencial. Inabif busca integrar al núcleo familiar. Por eso este taller. Todos llegaremos a ser adultos mayores. Tratémoslos como nosotros queremos que nos traten cuando lleguemos a esa edad”, puntualiza.