Tipo de cambio:

Compra: 3.237

Venta: 3.240


Año del Buen Servicio al Ciudadano
MARTES 22

de agosto de 2017

TRUMP Y AMÉRICA LATINA

Entre el muro y el comercio

A seis meses del inicio de su gobierno, el presidente Donald Trump cumple sus promesas electorales con respecto a atacar la inmigración ilegal y revisar algunos tratados comerciales. Mientras, observa con enorme paciencia el deterioro de la democracia en Venezuela y la reacción de los países vecinos.

3/8/2017


Fabián Vallas T.

fvallas@editoraperu.com.pe

En la campaña electoral, el entonces candidato Donald Trump elaboró una nueva agenda de temas referidos a las relaciones con los países latinoamericanos que anteriores presidentes estadounidenses no habían considerado. 

No se trataba solo de atender los clásicos problemas interamericanos como la migración, el tráfico de drogas, el comercio y la democracia, sino que también instaló en las mentes de gran parte de electores estadounidenses la idea de que la crisis económica se debe a los inmigrantes y los malos acuerdos comerciales. 

Todo esto habría hecho perder empleos a los ciudadanos estadounidenses.

Durante la campaña electoral, el magnate aseguró que la crisis se debía a los efectos negativos de la globalización.. Así propuso, como una de sus prioridades, la renegociación de los acuerdos comerciales –en forma especial, del Acuerdo de Libre Comercio para América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés)– y levantar un muro en los 3,185 kilómetros de frontera entre su país y México.

Para justificar este faraónico proyecto, aseguró que “los mexicanos” solo mandan a Estados Unidos “violadores, narcotraficantes y criminales”. Aunque siempre identificó a los mexicanos como el centro de su crítica, su escaso conocimiento sobre la complejidad cultural de América Latina nos induce a pensar que trataba de referirse a todos aquellos que se encuentran al sur del Río Bravo.

Demonización

Ya en el Gobierno, el presidente Trump fue criticado por algo que pocos políticos realizan: cumplir con lo que prometen y comenzó su campaña de demonizar a los inmigrantes ilegales.

Por ejemplo, en forma intencionada comenzó a sobrevalorar el problema de la delincuencia con el caso del accionar de la banda ‘Salvatruchas’, esa mara salvadoreña que tiene conexiones en todo el mundo. 

Además, Trump señaló que de los 11.2 millones de ilegales, entre 2 millones y 3 millones tienen antecedentes criminales. Esta cifra está sobreestimadas. 

De acuerdo con la oficina de Immigration and Customs Enforcement, los inmigrantes deportados por tener antecedentes criminales llegaron a 177,960 en 2014.

La administración Trump también creó una oficina en el Departamento de Seguridad Nacional para los familiares de las “víctimas de inmigrantes ilegales”, que lleva el nombre de Voice (Voz), pese a que las estadísticas sobre ilegales con antecedentes criminales no lo respaldan. Según un informe de The Sentencing Project, un grupo que realiza estudios sobre justicia criminal, un indocumentado tiene 44% menos probabilidades de estar encarcelado y 69% menos en relación con el número de ciudadanos estadounidenses que están en la cárcel.

Comercio

El nacionalismo de Trump, que muchas veces se confunde con el concepto de patriotismo en la política estadounidense, también se extendió al área comercial.

Por ejemplo, el intercambio del comercio con México sería una traba para el crecimiento de Estados Unidos. Así, prometió la renegociación de los acuerdos comerciales con los diversos países del mundo.

En los primeros seis meses de gobierno, no queda duda de que existe una redefinición de esta promesa electoral en las relaciones entre América Latina y Estados Unidos. Si bien es cierto que continúa con un lenguaje agresivo acerca del NAFTA, su posición de ruptura cambió por la de renegociación.

El mandatario estadounidense prometió romper con el NAFTA de la misma forma que lo hizo con el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), si es que no reduce el déficit comercial con México. Esta decisión ha comenzado a repercutir en la industria automotriz estadounidense, en la cual una eventual salida de empresas estadounidenses de México para trasladarse a su propio territorio significará un inevitable aumento de los precios de los automóviles y menor competencia en este disputado mercado. Las negociaciones están pactadas para comenzar en los próximos meses, junto con el otro socio, Canadá.

Diversidad

Pero este sentimiento anti libre comercio no lo ha manifestado con otros países. De acuerdo con el diálogo sostenido con los mandatarios del Perú, Argentina, Colombia y Panamá, no existe plan alguno para restringir el comercio bilateral.

El presidente estadounidense ha recibido las opiniones contrarias de estos gobernantes ante la decisión de construir el muro fronterizo, pero parece que esta es una promesa electoral que se la ha tomado en forma muy personal.

Por eso, se espera que continúe con el proyectado muro, a pesar de las críticas acerca de la pertinencia, viabilidad y el erróneo mensaje político que envía a los países latinoamericanos.

En resumen, en la política interamericana del gobierno de Trump, pese a que se encuentra aún en la incertidumbre, se comienzan a destacar matices que no se observaron en la campaña electoral. Su principal preocupación, como nacionalista, continúa siendo México con respecto a la inmigración y el comercio, pero ahora considera que existe una cantidad importante de matices en Sudamérica. Al Perú, por ejemplo, Trump lo llamó “un  extraordinario vecino”.

Cuba y Venezuela

Rehén de sus propias palabras, el presidente Trump también cumplió con sus promesas electorales con respecto a Cuba y comenzó a desmantelar la política elaborada por su antecesor, Back Obama.

Si bien no rompió relaciones con la administración gubernamental de Raúl Castro y mantiene la sede diplomática en La Habana, el Gobierno estadounidense aumentó las restricciones comerciales con el régimen cubano. Por ejemplo, prohibió los negocios entre empresas extranjeras con el Estado cubano. Además, endureció las medidas para que menos estadounidenses tengan la posibilidad de visitar la isla caribeña.

Un caso aparte es el de Venezuela. Hasta el momento, Trump parece estar convencido de que el problema deben arreglarlo los países de la región.

Sin embargo, no se puede descartar que Washington aplique nuevas sanciones económicas a la cúpula chavista.