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Año del Buen Servicio al Ciudadano
LUNES 23

de octubre de 2017

ENFOQUE

Esos politólogos idealistas

Ser politólogo es ser, esencialmente, un idealista empedernido. Idealista porque significa creer que será posible plantear reformas públicas en el futuro. Lo cual, en el fondo, implica creer en que todo podrá ser mejor y que, en esa idea lógica del progreso, uno tiene un rol que jugar.

2/10/2017


Adriana Urrutia

Docente de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

Ser profesor/a de Ciencia Política implica ser testaruda/o. Implica obstinarse por enseñar a pensar en clave colectiva y a sembrar esa idea de que ese espacio colectivo en el que se trabaje, no es otro que aquel en donde se tomen las decisiones para el país. En otras palabras, descubrir lo que es ser politólogo hoy es también descubrir que el Perú es, como decía Basadre, problema y posibilidad.

Mientras convencemos a las personas poco cercanas con la disciplina que no se trata de una carrera para averiguar cómo ocupar el sillón presidencial, es preciso señalar aquí tres aspectos claves para la consolidación de esta incipiente ciencia social en el país.

El primer desafío es vincular la caja de herramientas teórica de la disciplina con el conocimiento práctico que se desarrolla en las entidades que estudia esta ciencia: Estado, organizaciones sociales y partidos políticos. El politólogo aprende en clase lo que es democracia, pero la complejidad de la construcción democrática en el Perú, como en América Latina, lo obligan a repensar los conceptos abstractos desde las prácticas cotidianas y sus limitaciones para así sugerir nuevas definiciones. Este desafío implica que se fomente la investigación aplicada. En particular, para que desde el Estado, se retribuyan los derechos a los ciudadanos.

El segundo desafío es que la práctica política, que también puede llamarse militancia, sea recurrente en los espacios académicos y, por sobre todo, en la Universidad, para que se vuelva un espacio de aprendizaje cotidiano de la ciudadanía y del respeto a la diversidad. La especialización de la disciplina ha obligado a comprender la política como un objeto de estudio a veces, lejano. Pero, a diferencia de otras disciplinas, es más difícil entender este objeto si uno no participa activamente de un espacio donde se hace política. Entender los juegos de poder, la construcción de referentes, las confrontaciones, entre otros, es una necesidad que nos hemos olvidado. La Universidad ha dejado de ser un espacio de formación política y esto se debe recuperar.

El último desafío implica la generación de intercambios intelectuales para lograr consolidar un campo académico solidario en las ideas y redes de conocimiento que sirvan como base para pensar en un país más justo. Es necesario tender puentes entre universidades, entre generaciones y entre disciplinas que permitan entender mejor el acontecer político nacional. Ser politólogo implica hoy pensar en las herramientas que generen impacto en este país que escogimos para construir nuestros sueños.