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ALEJANDRA SÁNCHEZ. BAILARINA Y COREÓGRAFA

“He nacido para bailar”

Experimentada figura de las artes escénicas, que dirige Noam: arte y movimiento, nos habla sobre cómo integra el arte con nuestra cultura ancestral.

7/4/2019


Cecilia Fernández Siivori

mfernandez@editoraperu.com.pe

Energética, poderosa, libre y viviendo intensamente; así es la coreógrafa y bailarina Alejandra Sánchez, una peruana que vuela hacia sus sueños, sin miedos ni ataduras. Ella es una comprometida con el desarrollo de las artes escénicas, no en vano transita con holgura por la danza, el canto y la actuación en todos sus formatos.

Hoy saca adelante Noam: arte y movimiento, donde por medio del arte se busca el empoderamiento del ser humano, el reconocimiento de identidad y la formación de ciudadanía para alcanzar una sociedad justa, sin discriminación. Su ingrediente mágico: la danza, que se nutre de otras disciplinas.

–Se habla mucho de reconocerse para conocerse, ¿cómo una coreógrafa y bailarina profesional lo afronta?

–Siento que he nacido para bailar. Como medio de comunicación, la danza es algo muy fuerte porque la gente se identifica. En un país como el nuestro, donde muy pocas personas leen; la danza es lo más cercano a la gente. Considero que sí es difícil, pero no es imposible la tarea que me he impuesto. Tengo mucha fe y sé que los frutos tardan, pero llegan. La gente me sigue y cree en mi trabajo, y por ello lucho.

–¿Cómo te planteas entregarte al arte y hacerlo tu profesión? A veces hay oposiciones familiares o ciertas dudas existenciales...

–Puedes creer que no me he sentido negra hasta que tenía 18 años. Fue a partir de ahí que comencé a explorar espacios, experimenté muchas cosas. Donde por ser negra no vas a conseguir un papel protagónico. A raíz de tanta discriminación y tanta miseria moral, dije: Esto tiene que parar y cambiar. ¿Pero de qué manera puedo hacerlo? Fueron tantas estrelladas. Un día me propuse: Voy a partir desde mi experiencia para así cambiar a otras personas.

–Entender que nuestra principal herramienta es nuestro cuerpo.

–Nuestro cuerpo es un instrumento completo tanto musical como interpretativamente; exteriorizas todo. Y la danza es una carrera muy difícil. De hecho, el domingo 14 presentaremos un workshop de danza en el que busco que todos participen.

–¿Qué nos falta como sociedad y a la escena nacional?

–Profundizar, investigar. Falta un trabajo más a fondo. Es lo que trato de hacer mediante la danza. A veces, las personas prefieren pagar por espectáculos de afuera; invertir 100,000 dólares en un artista del exterior cuando aquí tenemos grandes figuras que podrían estar en plataformas mucho más visibles.

–Paralelamente, diriges tu escuela para alcanzar esa transformación que en otros medios no es posible...

–Sí. Me motiva el cambio que veo en la gente. Las personas llegan con dudas porque consideran que sus cuerpos no están lo suficientemente bien; otras con problemas emocionales y no se sienten valoradas. Es ahí donde se intenta con la danza cambiar esta situación. Primero llegas sintiéndote lo peor y creyendo que no es para ti, pero en la segunda clase ya te pones un polo más corto. En la tercera clase tienes un short y los tacos puestos. Para la octava clase no eres el mismo. Ese cambio, para mí, significa bastante porque empodero de varias maneras y eso me da mucha gratificación.

–Hoy sacas adelante Obba, tu propuesta que resume espiritualidad de la religión yoruba, arte afroperuano y danza contemporánea.

–Mi objetivo es llevarlo afuera para que todos conozcan lo que hacemos y cuando alguien quiera investigarlo, encuentren este trabajo, que es un documento para las generaciones venideras. La idea es mostrar una propuesta renovada para no quedarnos en lo mismo; obviamente, sin perder la raíz y respetando lo tradicional.