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Año del Buen Servicio al Ciudadano
JUEVES 21

de setiembre de 2017

LA FIL DE LIMA EN EL TIEMPO

Historias de papel

Julio es un mes de libros y la FIL lo sabe. En sus 22 años de existencia, se ha convertido en la mejor vitrina de la literatura local y mundial que no deja de sorprender.

6/8/2017


Karina Garay Rojas

kgaray@editoraperu.com.pe

El aroma, textura, diseño, color, pero sobre todo la experiencia de abandonar la propia vida para adentrarse en la de personajes de inconmensurable pelaje, que nos transforman –mientras ellos también lo hacen– son algunas de las flechas que nos disparan directo hacia los libros. Creaciones que no dejan de fascinarnos y que en julio toman por asalto la fría capital del Perú, desde hace 22 años, para entibiar corazones e incendiar no pocas mentes, en la emblemática Feria Internacional del Libro de Lima.

Organizada desde siempre por la Cámara Peruana del Libro, la FIL, como la llaman con cariño, es la mayor vitrina nacional de escritores y editores propios, como foráneos que cada año transforman la capital en punto de exquisita y expectante reunión de amigos y, cada vez más, familiar.

Sus primeros destellos se dejaron ver en las instalaciones del Museo de la Nación, por el año 1995, cuando se contó con 100 expositores, 40,000 títulos en venta y más de 100,000 visitantes, los que iniciaron esta larga tradición, que se está convirtiendo en un agradable ritual previo a las Fiestas Patrias.

Varios recintos

Su segunda edición se saltó directamente a 1997, en el recinto de la Feria Internacional del Pacífico, ubicada en la avenida La Marina, en el distrito de San Miguel, donde permanecería hasta 2005.

“Recuerdo haber asistido a esa feria, ocupaba uno de los pabellones de la parte delantera. Era muy pequeña (en comparación con el espacio que ocupa ahora). Era un lugar que congregaba a muchos jóvenes, por su cercanía con las universidades. Yo iba con un grupo de amigos”, recuerda con nostalgia el director de contenidos y relaciones interinstitucionales de la FIL, Pedro Villa.

El destacado editor comenta que este evento después se mudaría a un local más grande en el Jockey Plaza, donde ocupó el Centro de Convenciones de dicho recinto

“Este lugar era mucho más amplio y contaba con mayores servicios para atender al público visitante. De allí hubo un pequeño tiempo, en el año 2009, que la FIL se organizó en el Vértice del Museo de la Nación, donde ahora está el Gran Teatro Nacional, para luego mudarse al parque Los Próceres, donde ahora podemos visitarla”, reseñó.

Durante estos años ha contado con visitas ilustres, entre ellos la del Premio Nobel de Literatura 2008, Jean Marie Gustave Le Clézio, y de los destacados Laura Restrepo, Piedad Bonnett, Leila Guerriero, Héctor Abad Faciolince, Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, entre otros.

El director de contenidos y relaciones interinstitucionales de la FIL recuerda con nostalgia la visita del dibujante argentino, quien congregó enormes colas de admiradores, sin importar la edad, unidos todos en cofradía de agradecidos lectores de Mafalda.

Por sus cada vez más animados estands han desfilado también escritores nacionales: Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique, Carmen Ollé, Edgardo Rivera Martínez, Antonio Cisneros, Alonso Cueto y Oswaldo Reynoso, entre otros de fama más reciente.

Su prestigio crece

Es una feria en constante crecimiento. En los últimos años ha sido reconocida como una de las más importantes de la región y no cesa de reinventarse. Así, ha empezado a dar cabida a nuevos expositores que han ganado celebridad en las redes, como los youtubers o los autores de grandes sagas.

La FIL tiene de todo, comenta Pedro Villa: nobeles, libros académicos, libros de políticos, “es una fiesta del libro alrededor de todos los temas. Todas las temáticas están abiertas para la feria del libro”. Su público no deja de crecer. Este año cobija a 160 expositores, 190,000 títulos a la venta y es un hecho que superará el medio millón de visitantes.

“Es un público que se ha ganado poco a poco. Porque la feria siempre ha tenido un enfoque para todos. Si bien en un primer momento había visitas de personas mayores y jóvenes, los niños llegan con las familias y la feria se va convirtiendo en un espacio de visita familiar. En este momento hay un gran programa para niños y para adolescentes. Incluso hay escritores, ilustradores orientados a ese público”, comentó.

La feria, además de ser un espacio de conocimiento, es lugar de recuerdo y memoria, de aventura y gozo que no deja de sorprendernos y abrigarnos en este crudo invierno .

El dato

16,000 metros cuadrados es el área en el que se asienta la feria ubicada en Jesus María.