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Año del Buen Servicio al Ciudadano
DOMINGO 17

de diciembre de 2017

PERFILES

Honorio Delgado

Fue un hombre deslumbrante, genial; destacó como psiquiatra, filósofo, investigador, lingüista, escritor, maestro. Para sus colegas de profesión, fue el psiquiatra de mayor renombre en el continente y figura eminente de la especialidad en el mundo. Ha sido considerado entre los veinte peruanos del siglo XX. Este lunes 27 de noviembre se conmemorarán 48 años de su muerte. Qué mejor oportunidad para recordarlo.

26/11/2017


Domingo Tamariz

Periodista

Honorio Delgado Espinoza nació bajo el límpido cielo azul de Arequipa el 26 de setiembre de 1892. Sus padres fueron Juan Ramón Delgado y doña María Luisa Espinoza. Cursó la secundaria en el colegio de la Independencia Americana, célebre instituto donde se formaron los más ilustres hijos de la Ciudad Blanca. Estudió Ciencias Naturales en la Universidad de San Agustín de Arequipa y, luego, ya instalado en Lima, en la Facultad de Medicina de la Universidad Mayor de San Marcos. Y en esa suerte, en 1918 obtuvo el grado de bachiller en Medicina con la tesis El psicoanálisis. Terminados sus estudios, el joven Honorio recibió la Contenta, premio que se otorgaba al mejor alumno durante los siete años de estudios médicos.

Aquel año, además de bachiller, se graduó de médico cirujano, y de inmediato se incorporó a la docencia como jefe de Clínica Propedéutica. Inició así su carrera de docente que, años después, en 1961, coronaría con el decanato de su querida facultad. Al año siguiente se recibió de doctor en Medicina con la tesis Las grandes cuestiones de la herencia. Y en 1923 se doctoró en Ciencias Naturales.

En 1924 fue nombrado médico-jefe de Servicios del Hospital Víctor Larco Herrera (inaugurado en 1918 con el nombre Asilo Colonia de la Magdalena). Se cuenta que don Honorio visitaba a sus enfermos en los días feriados y, además, que “inspiraba una confianza fraterna y fe de recuperación”. El Larco Herrera fue “su casa de trabajo” durante cuarenta años.

En su juventud fue ajeno a todo partidarismo político. Colaboró en Amauta, pero no abrazaba el socialismo. Durante esos años escribió en diversas publicaciones: El Comercio; la Revista Mercurio, que fundó y dirigió Víctor Andrés Belaunde, y la Nueva Revista Peruana, que circuló durante el Oncenio. Además, dejó su impronta en importantes publicaciones culturales de su tiempo, como Mar del Sur, la memorable revista fundada por Aurelio Miró Quesada en 1948, en Las Moradas, del poeta Emilio Adolfo Westphalen, y en Letras Peruanas, revista de enorme importancia dada la calidad de sus colaboradores.

Por otro lado, no podría afirmarse que fue amigo de José Carlos Mariátegui. Lo cierto es que visitaba su casa, ya para entregarle un artículo para Amauta, ya simplemente como invitado. A propósito, sus biógrafos comentan que la biblioteca de Mariátegui “fascinaba a dos bibliógrafos consagrados como Jorge Basadre y Honorio Delgado”. Sí fue muy amigo, en cambio, de Martín Adán, que pudo atenderse por largos años en el Larco Herrera gracias precisamente a su amistad con el doctor Delgado.

En 1948, en plena crisis, acaso solo por ser amigo y coterráneo del presidente José Luis Bustamante y Rivero, aceptó ser ministro de Educación en el último tramo del gobierno. Años más tarde, acaso ignorando la aprensión de Delgado hacia la militancia partidaria, Bustamante lo instó a inscribirse en las filas de la Democracia Cristiana. Sin embargo, “dada la identidad del invitante –según Javier Mariátegui, su más calificado discípulo–, don Honorio cumplió con inscribirse, sin seguir después militancia partidaria activa, aunque integró la fórmula presidencial, en 1956, de la Democracia Cristiana”.

En 1962, ya al borde de los 70 años, debido a la politización de la Facultad de Medicina de San Marcos, renunció junto con la mayoría de los catedráticos. Fue así uno de los fundadores de la Universidad de Ciencias Médicas y Biológicas Cayetano Heredia, que lo eligió como su primer rector para el período 1964-1966.

Escribió más de una veintena de libros: El médico y la sociedad, Psicología (seis ediciones), La medicina y el alma, y De la cultura y sus artífices, entre los principales. En reconocimiento a sus investigaciones y su obra, recibió numerosos premios y distinciones en el Perú y el extranjero.

Entrado a los 70 años, comenzó a padecer los achaques y cansancios propios de la vejez. Y en esa senda, sin perder la lucidez, partió a la inmortalidad el 28 de noviembre de 1969, a los 77 años. En su homenaje, el más importante hospital de Arequipa lleva su nombre.