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Año del Buen Servicio al Ciudadano
DOMINGO 19

de noviembre de 2017

HOMENAJES

La agonía de Jorge Chávez

Cuarenta minutos le demandó vencer las alturas de los Alpes, marcar un hito en la historia de la aviación y convertirse en un héroe de la humanidad. Pasar a la inmortalidad le costó 4 días y 40 minutos de penosa lucha contra la muerte. Era el 27 de setiembre de 1910.

9/9/2017


José Vargas Sifuentes

Periodista

Transcurridos 107 años de la hazaña de Jorge Chávez, hoy todavía nos preguntamos si podría haber sobrevivido a su frustrado aterrizaje. Un estudio realizado por el Dr. Guillermo Garrida Lecca, prologado por Jorge Basadre y basado en documentos del hospital de Domodossola (Italia), donde murió, concluye que la muerte del héroe se debió a un shock hemorrágico por insuficiencia sanguínea.

Para los médicos piamonteses, habituados a tratar lesiones menores, la muerte del aviador se debió a un shock anímico, ignorando sus graves lesiones internas. El hospital emitió su primer boletín a las 6 de la mañana del 24 de setiembre para informar que el héroe había pasado la noche tranquila.

Mientras la Sociedad Italiana de Aviación anunciaba la entrega del premio de 50,000 libras y un monumento recordatorio, las condiciones del paciente empeoraban; aunque los siguientes boletines decían que había recobrado la conciencia y se recuperaría en 40 días.

Garrido Lecca señala que el héroe “recibió los cuidados que la medicina de la época podía ofrecer a un traumatizado, pero se ignoraba una frecuente complicación: el shock”. Al recibir el impacto de partes del avión, Chávez “absorbió una energía cinética que le fracturó las piernas, traumatizó las partes blandas y dio origen al llamado shock irreversible”.

Este produce un colapso circulatorio y una perfusión sanguínea inadecuada a órganos nobles (riñones, cerebro, corazón, etcétera). Al no recibir estos la cantidad suficiente de flujo sanguíneo se produce un daño irreversible y la muerte.

Para un hombre de 65 kg de peso y contextura normal, Chávez debió tener alrededor de 4,550 cm3 de sangre, pero tras el accidente la fue perdiendo en las fracturas.

El 25 su pulso empezó a elevarse; la frecuencia cardíaca era de 140; la temperatura llegó a 38 grados y la respiración se hizo más rápida. El shock se hacía más severo y el riego sanguíneo cada vez más deficiente.

En las últimas 24 horas el centro respiratorio empezó a deteriorarse por falta de oxígeno, y los tejidos con poca sangre provocó cianosis. Por último, el corazón dejó de latir.

Hoy una simple transfusión habría salvado al valeroso pionero de la aviación. En 1920 no se conocía cómo realizarla.

Chávez quizá tuvo que morir al culminar su hazaña. Como ocurre con los grandes personajes de la historia: no viven para contarla, gozar de su gloria ni ser homenajeados en vida.

Viven más estando muertos.