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Año del Buen Servicio al Ciudadano
LUNES 21

de agosto de 2017

CIUDAD

La conciencia de criar una mascota

La duda de que los perros sin pelo fueron los primeros canes en el antiguo Perú prehispánico se supera cuando se recurre a la cerámica. Allí se observa que el antiguo poblador de nuestra tierra ya conocía a estos fieles animales a principios del primer siglo de nuestra era. Posteriormente, los españoles traen mastines y galgos y los utilizan para la conquista del Tahuantinsuyo. Estos animales generaron pavor en los seguidores del Inca pues nunca habían visto animales devorando carne. Con el correr del tiempo, los perros fueron formando parte del hogar, y hoy, muchos se han convertido en los “hijos” que mueven la cola con alegría cada vez que alguien de la familia toca la puerta.

6/8/2017


Luis Lagos

Historiador

Pero esta experiencia puede resultar problemática cuando existe una incompatibilidad en la formación personal citadina y el cuidado de un animal. Así, una persona que carece de sentido común es incapaz de respetar la ciudad y la tranquilidad de los transeúntes si antepone el cuidado de su mascota. En esta línea, en las zonas populares existe una enorme cantidad de perros cuyos dueños no tienen ningún reparo en soltarlos en la calle o exponerlos en sus puertas como fieles guardianes, sin considerar la reacción canina, ni tampoco la limpieza de las calles, veredas y áreas verdes. Por más dócil que sea un perro, puede morder a cualquier desconocido que pretenda invadir su territorio, o que simplemente le pise la cola por descuido; además, el excremento de estos animalitos despide bacterias y virus en el ambiente, y estos se posan en los indefensos niños y les ocasionan enfermedades virales.

Igualmente, existe una tendencia de sacar a pasear a la mascota con el objetivo de “hacer sus necesidades” y esto hace que muchos parques sean focos infecciosos, debido a que mucha gente considera asqueroso recoger las heces en una bolsa y depositarlas en un tacho. Para empeorar las cosas, las áreas verdes de los distritos más poblados, como San Juan de Lurigancho, Comas o Villa El Salvador, carecen de recipientes apropiados para ese propósito y también de vigilancia ecológica; además, los alcaldes no tienen en su plan de gobierno la erradicación de perros callejeros, pues esto puede significar una medida impopular.

Hay poca conciencia ciudadana en relación con el cuidado de una mascota dentro de un espacio público, sobre todo en zonas donde las familias no practican la ciudadanía.

Antiguamente, las mascotas no estaban tan inmersas en la sociedad. En nuestros días, hasta han logrado una legislación para su protección. Hace falta una eficiente conciencia ciudadana para comprender que un perro es una responsabilidad que está directamente relacionada con la buena convivencia ciudadana.