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Año del diálogo y la reconciliación nacional
MARTES 20

de febrero de 2018

PERSPECTIVAS

La evaluación siembra futuro

La quinua, las papas, el choclo… El Perú tiene en la agricultura una de sus mayores riquezas. El país de ricas montañas, amplias costas y fértiles tierras cuenta con siglos de cuidados a la Pachamama. Mujeres y hombres que labran la tierra con una sabiduría ancestral que produce ricos frutos y sostiene la vida. Su contribución al bienestar de miles de familias es fundamental, como también lo es para el buen nombre del que gozan los productos peruanos en todo el mundo. Paradójicamente, quienes producen tanta riqueza son quienes más sufren la pobreza.

3/2/2018


Oscar A. García

Director de la Oficina de Evaluación Independiente Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA)

En la última década, el Perú ha hecho un gran esfuerzo por promover el crecimiento y el desarrollo. Según el Banco Mundial, nueve millones de personas salieron de la pobreza desde el 2004. Los programas han dado buenos resultados, lo que demuestra el compromiso del país con el bienestar de sus ciudadanos. Desde 1980, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) ha acompañado este camino, específicamente en las áreas rurales del país.

La reducción de la pobreza en el Perú es indudable. Existen, sin embargo, algunos retos que tanto el gobierno como quienes trabajamos a su lado debemos enfrentar, especialmente en las zonas rurales. El 83% de la población peruana más pobre se dedica a la agricultura. Enfrentar este reto pasa necesariamente por entender qué debemos hacer para mejorar con nuestro trabajo la vida de quienes son más vulnerables.

Construir propuestas que respondan a tales desafíos exige evaluar lo realizado para enfocar adecuadamente el futuro. En el caso del Perú, hemos realizado una rigurosa evaluación de los proyectos financiados por el FIDA del 2002 a 2014; un análisis que pone la lupa sobre seis proyectos en las regiones de la sierra sur, sierra norte, selva alta y el área de influencia de los ríos Apurímac y Mantaro con una inversión de 105 millones de dólares.

El informe arroja luz sobre los logros y los retos de futuro. Uno de los grandes éxitos ha sido la reducción de la pobreza en las regiones en las que se ha trabajado, especialmente en la sierra norte, donde se experimentó una caída del 22%, y en la sierra sur, donde el descenso alcanzó el 12%. Se observa también un avance en la diversificación de la producción agrícola, lo que, sin duda, es positivo para el bienestar económico de las familias. Por otra parte, el intercambio de conocimientos y la puesta en valor de los saberes ancestrales ha derivado en un empoderamiento significativo del campesinado.

Observamos, sin embargo, algunas cuestiones que deben hacernos reflexionar. Una de ellas es que las desigualdades en el área rural no se han reducido en la misma proporción. Una limitación que venimos observando no solo en el Perú, sino también en otros lugares del mundo, y que nos lleva a preguntarnos qué piezas de nuestras políticas deben modificarse para alcanzar a las poblaciones más vulnerables y mejorar sus condiciones de vida. Sobre ello debatiremos en nuestra Conferencia Internacional sobre Desigualdades Rurales, que celebraremos en Roma en mayo próximo; las discusiones que tendremos nos ayudarán a enfocar nuestras actuaciones, tanto en el Perú como en otros países.

La evaluación sobre el trabajo del FIDA en el Perú nos muestra que es necesario trabajar para salvar la brecha de género que hace que las campesinas, no obstante avanzar en el liderazgo en la producción agrícola, continúen recibiendo beneficios más bajos que los varones. El informe también muestra que es necesario avanzar en propuestas que cubran una geografía compleja como la peruana y considerar de manera específica el gran impacto del cambio climático en el país.

Combatir la desigualdad que afecta a las zonas rurales del Perú es posible desde el aprendizaje que nos ofrece la evaluación. Podemos hacerlo además en cooperación con otros actores que nos acompañan en el camino: el Gobierno, el sector privado, otros fondos internacionales, las organizaciones campesinas. Eso es precisamente lo que el FIDA hará el 6 de febrero en el taller nacional en el que debatiremos los resultados y recomendaciones de la evaluación. Será una excelente ocasión para mirar hacia el camino recorrido, valorar lo alcanzado y mejorar aquello que exige otros enfoques y propuestas. Si algo nos enseña la evaluación es que rectificar es de sabios. Y en este caso, la sabiduría siembra futuro para las mujeres y hombres peruanos que a diario labran la tierra y recogen sus frutos.