Tipo de cambio:

Compra: 3.231

Venta: 3.236


Año del Buen Servicio al Ciudadano
MIÉRCOLES 13

de diciembre de 2017

EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA

La fuerza de las warmis

El Lugar de la Memoria acoge la muestra temporal que recuerda el papel de las mujeres sobrevivientes de las masacres en comunidades de Ayacucho durante los años de violencia. Reportera gráfica peruana ganó con estas imágenes el premio de la Cruz Roja Internacional 2017.

1/12/2017


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Ninguna madre al parir te advierte del dolor que vendrá. Y ellas, las mujeres de estas imágenes, llevaron sobre sus espaldas, prendidas a sus llicllas, la daga de la muerte (inesperada). 

El dolor lo abrió una bala o un hachazo. Dolor que entonaron en los wawa pampay y yaravíes. De otras, fue el grito de quien es ultrajada.

Ellas –madres, hermanas, tías, esposas, vecinas– de Accomarca, Cayara, Lucanamarca y Uchu, pueblos de la geografía ayacuchana, nuestra geografía. Ellas, quechuahablantes. Ellas, las testigos. Ellas, las que tuvieron que emigrar, trastocar sus vidas para exigir justicia y sobrevivir. Ellas, protagonistas de la muestra Maskaq warmikuna/Mujeres que buscan, que cobija el Lugar de la Memoria (LUM).

El espacio reflexivo

La muestra temporal se corporiza al final del segundo piso del LUM, en la sala rebautizada desde setiembre como Mamá Angélica, Mamá Anqui. Por antonomasia, es la sala femenina de este museo, que recuerda las infamias para no repetirlas ni olvidarlas.

Doña Angélica Mendoza (1929-2017): mujer-coraje que aguardó por 34 años la sentencia para los que ejecutaron extrajudicialmente a su hijo Arquímedes. A su alrededor, las mujeres se agruparon en la Asociación Nacional de Familiares de Secuestrados, Detenidos y Desaparecidos del Perú (Anfasep). A su alrededor, dieron cobijo a los huérfanos pajarillos.

La sala recuerda a la Comisión de la Verdad y Reconciliación Nacional; los lugares, contra el olvido salpicados en todo el territorio; el proyecto Quipu, sobre esterilizaciones forzadas; las fotos del Yuyanapaq. Todo dialoga con Maskaq warmikuna. El techo, colorido y vivo, arropa la “chalina de la esperanza”, tejida por cientos de familiares de desaparecidos. Hoy, el espacio es un ágora donde dialogan los visitantes con voz sobrecogida.

No podía haber espacio mejor para hablar de aquellas mujeres que vivieron entre 1980 y 2000, el dolor y la violencia en primera persona.

Contar la espera

Ángela Ponce siguió con su cámara el proceso de exhumación de los cuerpos en Accomarca, Cayara, Lucanmarca y Uchu. A los forenses que exhumaban las fosas comunes, trasladaban los restos para hacer el reconocimiento y certificaban las identidades aguardadas por décadas mientras ellas dialogaban en quechua, sedientas de verdad, como Mamá Angélica y tantas señoras, a cuya insistencia se hicieron públicos los crímenes en La Hoyada, en el cuartel Los Cabitos, digamos; pero también ante la CVR hablaron de los genocidios de Sendero Luminoso. (Sobre)vivir entre dos frentes.

Los encuentros

La joven fotógrafa –cuyo trabajo recibió el Premio Visa de Oro Humanitaria del Comité Internacional de la Cruz Roja 2017– retrató los ritos –evangélicos, católicos, andinos– con los cuales los deudos “restituían” a su comunidad esos pequeños ataúdes blancos de hijos, esposos, hermanos, sobrinos. “Restituir”: dar un entierro digno a esos huesos de quien en vida fue… Cerrar el círculo del dolor.

Entonces –años ochenta, noventa– las cámaras eran un lujo. Algunos guardan una foto-carné del desaparecido (sí, la mayoría son hombres: ancianos, jóvenes, niños).

Pero hay familias que no tienen imágenes de sus seres arrancados. Muertos sin rostro. El Ministerio de Justicia y Derechos Humanos inauguró a inicios de año, en Accomarca, el Santuario Ecológico de Lloccllapampa. Ahí se trasladó el dibujante Jesús Cossío, quien elaboró identikits para aquellas tías sin fotos de sus sobrinos, para que tuvieran cómo recordarlos, antes de que la memoria los borrara por completo.

Los estudiantes de los colegios y universidades –paradójicamente, la mayoría de centros particulares–, vienen para contrastar aquello que le han contado sus padres, sus profesores, la tele, el internet sobre esos años, sobre la ética. Los ayudan los testimonios en los muros del LUM. Y hoy las fotos de estas mujeres, Maskaq warmikuna. Ya son, en lo que va del año, más de 60,000 visitantes que recibe el LUM. Algo cambiará. Tal vez, hagamos una mejor sociedad, sin peruanos de segunda clase.