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Año del Buen Servicio al Ciudadano
MIÉRCOLES 13

de diciembre de 2017

ENFOQUE

La Paisana Jacinta, expresión y discriminación

En los últimos días se ha generado un intenso debate sobre la legitimidad del personaje de la Paisana Jacinta y la película que recientemente fue estrenada. Por supuesto, en un país profundamente racista como el nuestro, la filmación está teniendo acogida y sus defensores no han dudado en pronunciarse argumentando estar a favor de la libertad de expresión y haciendo un llamado a la tolerancia.

5/12/2017


Liz Meléndez

CMP Flora Tristán

Nada más contradictorio. Coincido con que la libertad de expresión es un valor importantísimo en toda democracia, por lo que este derecho debe ejercerse con responsabilidad y respetando la dignidad de las personas. De ninguna forma, esta libertad fundamental puede ser usada como excusa para afianzar la exclusión de una población.

Parece que los defensores del personaje no se dan cuenta de que la Paisana Jacinta es una representación del racismo naturalizado, enraizado y convertido en burla. El humor se convierte en un dispositivo de poder que logra normalizar la exclusión y pretende minimizar su impacto social.

Para las mujeres andinas e indígenas la discriminación no es un chiste, esta limita sus derechos más básicos, las cosifica y genera situaciones de abuso de poder que quedan en la impunidad.

Me pregunto si el creador del personaje, así como los productores de la película, tomaron en cuenta que existe una ley nacional contra la discriminación, pero además que las Naciones Unidas ha instado a que en el país se evite la reproducción de personajes estereotipados y que afianzan la discriminación racial, porque en el Perú el racismo es el origen de muchas situaciones de desigualdad estructural que el Estado está en la obligación de erradicar.

También me pregunto si los productores han hecho una reflexión consciente sobre el impacto que puede tener la difusión de estas formas estereotipadas de representar a la mujer andina en los imaginarios de las nuevas generaciones, es decir, de los niños y niñas.

Mi generación creció viendo La Paisana Jacinta, un programa bastante popular; crecimos oyendo “chistes” y el clásico “ña, ña, ña” como forma de burla sobre lo andino e indígena, asociando ello con lo “tonto” y de menor “estatus”. Crecimos naturalizando la forma desaliñada, descuidada y poco aseada con la que se representó –mediante este personaje– a la mujer indígena por años. Como sociedad no hemos aprendido nada cuando nos parece natural que se perpetúe el sentido de inferioridad sobre lo indígena, si nos parece normal y risible la reproducción de estereotipos que discriminan y ofenden a una población. Evidenciamos nuestra soberbia y falta de reflexión cuando no escuchamos la voz de líderes y organizaciones indígenas que se oponen a estos hechos y simplemente las tildamos de “exageradas” e “intolerantes”. Este es un país racista y hechos como este confirman dicha afirmación.