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Año del Buen Servicio al Ciudadano
SÁBADO 18

de noviembre de 2017

La resocialización juvenil

El presidente del Poder Judicial, Duberlí Rodríguez, expresó en los últimos días su preocupación por el hecho de que los jóvenes incurren de manera creciente en actos que transgreden la ley, por lo que invocó a los jueces que no se limiten a aplicar medidas punibles, sino también alternativas restaurativas que permitan recuperarlos para la sociedad. De esta manera, la autoridad judicial ha puesto los reflectores sobre un problema que los peruanos no estamos afrontando como se debe, y que se refleja en la mayor presencia de jóvenes delincuentes en las calles, y que en edades cada vez más tempranas incursionan en actividades delictivas.

30/10/2017





Sin duda, resulta importante que el Poder Judicial revalore sus criterios respecto a este tema, no solo desde el punto de vista penal. Las decisiones son difíciles, ya que enviar a los infractores a los centros de rehabilitación juvenil no basta, el país requiere hacer mucho más.

En ese sentido, tenemos la experiencia del Servicio de Orientación al Adolescente (SOA) en diferentes cortes superiores, el cual ofrece programas educativos y de trabajo para los jóvenes en su propio medio y devolverlos recuperados a la sociedad.

La delincuencia juvenil es una problemática compleja que requiere un tratamiento integral, de diversos frentes, social, económico, cultural, y que merece la participación del Estado en su conjunto.

En el Perú existen programas del Estado y de organizaciones no gubernamentales que promueven la inserción de los jóvenes para alejarlos de las drogas y la delincuencia, brindándoles capacitación y una oportunidad en el mercado laboral. Empero, para evitar estos problemas, requerimos como país fortalecer desde los primeros años en la escuela una política de promoción de valores.

En el Perú, cifras de la Policía Nacional dan cuenta de que los actos delictivos cometidos por jóvenes han aumentado en 80% y cada vez se trata de jóvenes de menor edad. Adolescentes desde los 12 y 13 años son captados por mafias de construcción y bandas delictivas.

En el Callao, el rostro juvenil de la violencia muestra su lado más crudo, en un contexto donde, según los especialistas, la delincuencia se ha convertido en un problema generacional. Para la Policía, es común observar que los adolescentes y jóvenes capturados por haber cometido algún delito son hijos, sobrinos o nietos de personas que ya pasaron por la cárcel.

Tenemos que empezar a actuar desde ahora, para evitar que en el país se repitan experiencias dolorosas de otros países donde las pandillas juveniles, como las maras, se han convertido en el principal problema de inseguridad ciudadana.

Para nadie es un secreto que el crimen organizado utiliza a los jóvenes y adolescentes como mano de obra barata –aprovechando que ante la ley resultan inimputables– para cometer delitos como el sicariato, y de esa forma evadir a la justicia.

Es un tema pendiente que debemos afrontar, y que exige de las instituciones del Estado un trabajo coordinado y responsable.