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Año del diálogo y la reconciliación nacional
DOMINGO 20

de mayo de 2018

ENFOQUE

La vida en modo todo ilimitado

Hoy se ofrece la vida en plan todo ilimitado, pero ¿qué significa eso? ¿qué está detrás de mensajes como ese? El ser humano requiere aprender tempranamente que no todo es posible, que no todo lo que deseamos puede y/o debe ser conseguido siempre; y que existen situaciones finitas, hay límites a nuestros placeres, a nuestras exigencias, a nuestras posibilidades. Pero es propio de esta época del consumo exagerado y de la promesa de la felicidad asociada a ese consumo creer –sin fundamentos, claro– que nada me debe detener y que todo lo debo conseguir y, por supuesto, debo disfrutar como desquiciado, pues solo tengo una vida y este es mi momento.

5/5/2018


Manuel Arboccó

Psicoterapeuta–Profesor Universitario

Un comercial de bebidas gaseosas nos decía hace unos años “obedece a tu sed”, olvidando que los seres humanos somos criaturas racionales, seres éticos y con criterio, y no podemos obedecer solo a necesidades básicas, no podemos responder a imperativos corporales, sino que debemos asumir nuestro comportamiento producto de una reflexión inteligente en cada situación. Decir “obedece a tu sed” es como proponer “obedece a tus genitales”, y sabemos que esa “obediencia” puede generarnos problemas.

Vivir la vida en plan ilimitado, por contradictorio que parezca, solo consigue generar más insatisfacción, más embotamiento, menos valor al momento vivido o al producto mismo que hoy gozo. Si nuestra vida no estuviera limitada por la muerte, daría lo mismo tener 100 o 500 años; el tiempo carecería de valor y las metas del futuro serían un despropósito, pues siempre estaría ahí el eterno y agobiante futuro; pero al sabernos cortos y temporales, eso funciona como resorte para intentar ahora hacer algo con nuestra vida y aprovechar el tiempo que tenemos. Hoy vemos –por errores educacionales– muchos hijos malagradecidos, impacientes, con cero de tolerancia a la frustración, que consideran que deben recibir todo y al instante.

Un paquete de uso de internet puede tener la modalidad de todo ilimitado, pero la vida no. Los límites a nuestra existencia pueden ser genéticos, psíquicos, económicos y culturales, lo cual no elimina nuestra libertad personal, pero sí reduce su distancia; finalmente, asumiremos nuestra libertad y responsabilidad dentro de ese margen. Por eso cuando vemos mensajes como “todo ilimitado”, pensamos que es una falacia más de la publicidad que nos invita a una vida consumista, materialista y mecanizada, bajo el disfraz de promover una vida de disfrute genuino y llena de sentido.

Un fin de semana nos topamos con este otro mensaje en una cadena de tiendas que decía: “Nuestro compromiso es satisfacción garantizada siempre”. ¿Se dan cuenta? Y eso solo consigue –de forma paradójica– permanente insatisfacción, la que se intentará vanamente de eliminar con la siguiente compra y con la nueva promesa de una vida satisfecha e ilimitada, siempre.