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APROXIMACIONES

Las caries del dentista

16/5/2019


Manuel Arboccó de los Heros

Psicoterapeuta–Catedrático

El dicho popular “En casa de herrero, cuchillo de palo” es muy mencionado para señalar aquellas limitaciones, deficiencias o errores que se presentan en quienes –aparentemente– no deberían tenerlas o cometerlas. Sin embargo, algunas de estas expectativas son solo buenos deseos y hasta puede ser poco real pretender la perfección y la experticia en ciertos casos.

Vemos, por ejemplo, médicos sin empatía, psicólogas neuróticas, profesoras que aborrecen la escuela y a los escolares, abogados corruptos y psicopáticos, y hasta nutricionistas con problemas alimenticios. Claro, que esto no es lo esperado ni lo mejor ni lo más recomendable, es obvio.

Tampoco todos los profesionales mencionados tienen esas características o conductas, pero ayudan –estos ejemplos conocidos– a identificar las limitaciones humanas presentes, inclusive, en aquellos que por vocación y preparación deberían estar ajenos de esos comportamientos defectuosos.

Ocurre que los centros de formación universitaria preparan, la gran mayoría de las veces, sobre todo en el plano del conocimiento y de la técnica profesional, mas no con la misma fuerza y dedicación velan por el desarrollo personal, por el crecimiento moral y mental de sus estudiantes.

Difícil tarea cuando, más aún, los aprendices llegan muy jóvenes y con muchas carencias en los planos éticos y psicológicos. La familia –donde encontramos cada vez más padres ausentes, otros tantos indiferentes y algunos hasta miedosos de sus hijos– no cumple la labor para la cual está hecha y estos chicos ingresan así con varias fallas afectivas y psicológicas a colegios y universidades en los que los docentes hacen –cuando lo hacen– lo que pueden, aunque no siempre es suficiente. Pero no pretendemos echarle toda la responsabilidad al colegio o la universidad, pues es la familia y son los padres los que deben educar moral y espiritualmente a sus hijos. Esto es obvio.

El conocido psicólogo e investigador Howard Gardner (famoso por su teoría de las inteligencias múltiples) decía hace un par de años, en una entrevista, que una mala persona no llega nunca a ser un buen profesional. “En realidad –dice Gardner–, las malas personas no puedan ser profesionales excelentes. No llegan a serlo nunca. Tal vez tengan pericia técnica, pero no son excelentes”.

Ciertamente, en estos tiempos de cambios acelerados, reducida comunicación y vínculos poco empáticos, nuestros jóvenes profesionales carecen de una serie de habilidades para enfrentar la vida con relativo éxito; a saber, introspección, respeto, empatía, consciencia social, resiliencia, creatividad y pasión por lo que se hace.

Más bien vemos a muchos “dentistas con caries”, muchos profesionales inescrupulosos, torpes, mentirosos, fríos e incultos, y eso debe prevenirse, antes de darles el diploma de egresados, por el bien común, por el bien de todos.