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Año del diálogo y la reconciliación nacional
DOMINGO 20

de mayo de 2018

APROXIMACIONES

Las expectativas versus la actitud

Tras conocerse las cifras del rebrote de la pobreza en el Perú, vuelven a formularse las evaluaciones en torno a lo que cumplió y a lo que dejó inconcluso el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski. Al margen de los sesudos análisis políticos y económicos que escuchamos desde distintas tribunas, el proceso que ha vivido el país en los últimos meses es similar a lo que sucede cuando termina una fase específica en cualquier otro ámbito de nuestras vidas: primero, viene un período de evaluación –además del duelo por haber cerrado una etapa–, para luego pasar por distintos momentos, hasta llegar a la esperada recuperación, en una situación y un contexto distintos a los iniciales.

4/5/2018


Fernando Pajares

Economista

Para el pueblo peruano, la tarea de hoy es hacer que la idea ‘Creer en el Perú’ no se desmorone –por la caída de un presidente o por hechos que afectan al aparato público, por ejemplo– y levantarse tanto en crecimiento como en desarrollo. Además, ese despegue debe notarse en el plano mental de los ciudadanos (estado de ánimo) gracias al impulso y la voluntad que inyecta la nueva administración.

Durante casi dos siglos, y tras haber sido gobernados por alrededor de 60 presidentes, los peruanos hemos vivido situaciones peores a la actual, marcadas por magnicidios, renuncias y vacancias. Y, pese a todo, el Perú siguió su curso.

El actual contexto histórico es distinto a lo experimentado en toda la etapa republicana previa. Desde 1980 –y con excepción del gobierno de transición de Valentín Paniagua–, solo dos presidentes no culminaron sus mandatos de cinco años: uno cerró su ciclo en medio de una grave recesión económica, y el otro nos acaba de dejar en una seria desaceleración.

Pero entre los gobiernos que finalizaron sus mandatos en los plazos de ley, la mayoría dejó al país con pronósticos poco alentadores, trasladando el peso de esa carga a la población, pues –a fin de cuentas– los estados son las personas que los componen.

Como sociedad que ha aprendido de su historia, sus fracasos y sus etapas de bonanza, nos corresponde hacer algo distinto en nuestros espacios cotidianos. Si pensamos que todo irá mal en el país, es muy probable que así sea (expectativas negativas). Pero si nos mentalizamos en lo contrario, seguramente ocurrirá algo mejor (expectativas positivas). El reto es tomar la decisión de “ponernos el equipo al hombro” (actitud), cada uno desde su lugar y con lo que sabe hacer, pero rindiendo algo más para salir adelante. Ese punto de quiebre es lo que separa lo ordinario de lo extraordinario.

Mis colegas economistas dirán que las cosas pueden ir bien o mal. Eso dependerá de la actitud que tome el pueblo. Y como nosotros somos el pueblo, está en nuestras manos hacer días soleados y con esperanza. Tuvo razón el presidente Martín Vizcarra al afirmar, en su primer mensaje a la Nación, en el Congreso de la República: “Somos un país con futuro, pero ese futuro dependerá de nuestro comportamiento”.