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Año del diálogo y la reconciliación nacional
LUNES 25

de junio de 2018

FÚTBOL, NARRACIÓN Y EL MISMO FORMATO

Los “hijos” de Martínez Morosini

Cuando el principal medio de comunicación era la radio, los partidos de fútbol eran la sensación por el alto grado de emotividad que implicaba su transmisión, lo que obligaba a los locutores a esforzarse mucho más para llevar la mejor transmisión posible a escala nacional.

9/6/2018


LuisLagos

Historiador

La narración del encuentro deportivo debía mantener enchufada a toda la audiencia, y en este contexto, el recordado Humberto Martínez Morosini asume esa emotividad, le impone su sello y la traslada a la televisión en blanco y negro que se imponía con los mundiales y luego, cuando los colores empezaron a verse en el Mundial de México 70.

Todos recordamos aquella gran participación de nuestro equipo en el que destacaban jugadores de raza, de buen temple, o buen pie, como se dice ahora, para resaltar sus habilidades técnicas y su buen dominio del balón.

Pero volvamos a la narración, esa que impuso Martínez Morosini: llena de adornos, de lenguaje veloz y conjugado, con el canto del peligro y la prolongación de la última sílaba. Tan hábil y efectiva como uno de los ataques furibundos de la Blanquirroja. Sin duda, impuso un estilo, una forma especial de narrar el fútbol que hoy, de algún modo, todos los narradores conservan. Es un referente y se puede decir que hasta el propio Daniel Peredo mantuvo esa herencia del autor de la frase futbolera “Aquí no pasa nada”.

En esa línea, sin embargo, comentar que los locutores peruanos han dejado una escuela de narradores futbolísticos es un exceso que nos nubla la pasión que suscita ver un partido de fútbol.

Y es que se sigue utilizando el formato de la radio para decorar un encuentro futbolístico de televisión. Se sacrifica el deleite de la observación y se impone la perturbación del oído, por eso se entiende que todos los que se dedican a narrar un partido de fútbol son incapaces de ceder al silencio, y regalar más bien una lectura placentera de la competencia más popular del mundo.

Es que seguir los movimientos de los jugadores pasa por un talento especial que va más allá de hablar ininterrumpidamente como si el espectador no tuviera dos ojos para ver lo que resulta evidente del juego.

A mi juicio, narrar un partido de fútbol sugiere conocer las reglas básicas del balompié y tener cultura general acerca de la psicología de un jugador profesional.

A esto abona el hecho de si tienes experiencia sobre el césped. Todo esto te da bagaje y solidez cuando se trata de leer los partidos y agradar al televidente. Narrar es un arte que aún no tiene grandes exponentes en nuestra televisión. Eso sí, hay un gran mérito que debemos resaltar: todos nuestros locutores futboleros tienen el virtuosismo o la genialidad para regalar frases célebres que después pasan a formar parte del lenguaje cotidiano. Desde Roberto Salinas, el propio Martínez Morosini, Raúl Maraví y, obviamente, pasando por el recordado Daniel Peredo nos han regalado expresiones utilitarias, todo terreno, que “No sé si es justo, solo sé que es cierto”.

Nuestros periodistas deportivos son muy complacientes cuando critican a su gremio. Son “políticamente correctos” y esgrimen buenas razones para crear paradigmas, pero pocos se animan a reconocer la amena narración que, por ejemplo, nos ha legado la escuela argentina. Y es que esta sabe conjugar muy bien las imágenes con la terminología del fútbol; son expertos en leer los partidos, e incluso, se dan el lujo de regalarnos silencios prolongados cuando el partido ingresa en un intervalo tedioso, que no dice nada, o cuando el arquero sale jugando, apelando a una gran pausa mientras patea el balón buscando a quién entregárselo, en un pase largo.

Hay que ser francos, no obstante que venimos copiando casi todo lo argentino en materia de fútbol (moda, forma de opinar, barras, camisetas), casi nada hemos aprendido en materia de narración de fútbol, más bien, mantenemos la tendencia de narrar un partido como si estuviéramos en la radio.