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Año del Buen Servicio al Ciudadano
MIÉRCOLES 22

de noviembre de 2017

TURISMO INCLUSIVO

Manos para conocer

¿Se puede conocer una ciudad sin mirarla? Una iniciativa permite a las personas invidentes descubrir el patrimonio monumental y cultural de la capital. Sucede un domingo al mes y es la primera experiencia de su tipo en el Perú.

13/11/2017


José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

1. Trepado sobre la columna rostral del monumento al combate del Dos de Mayo, ajeno a los bocinazos y gritos de cobradores de combi, Rubén Goycochea ha tanteado la historia. Con sus manos ha descubierto la forma de la fragata blindada Numancia, la ropa de los soldados peruanos del XIX, los torreones del Real Felipe.

El yauyino de 31 años tiene los dedos manchados con olvido y hollín, polvos que cubren los bronces de nuestros monumentos limeños, pero es feliz porque ha descubierto los secretos de la plaza Dos de Mayo. Ya no será más que un paradero que escucha en su ruta entre Comas y el Centro de Lima.

“Si vas solo no puedes tocar los leones del Palacio de Justicia”, comenta Teresita Pezet, esperando su turno para subir la escalera. Buena acordeonista y contadora de chistes, Teresita recuerda con cariño la visita del mes pasado cuando pudieron tocar varias estatuas de piedra del Paseo de los Héroes Navales, ¡hasta el monumento de la plaza Grau!

Santiago Sosa se está alistando para cuando ya no pueda ver y no pueda trabajar en la reparación de maquinaria pesada. Por eso está atento, escuchando al guía. Había pasado mil veces por este lugar y jamás había reparado en los detalles de la Unión o Castilla. Como que el nombre primigenio de la actual avenida Argentina fue avenida de la Unión.

En cambio, a Aurelio Benites, profesor cesante de Historia y Geografía, siempre le gustó documentarse sobre los monumentos de Lima y ahora refresca la memoria escuchando al guía, Vladimir Velásquez, que cuenta que la avenida Alfonso Ugarte antes de los años veinte se llamaba avenida Bolognesi y Circunvalación.

2. Vladimir Velásquez tiene 38 años, es diseñador gráfico y rescatista de la memoria gráfica de Lima. Su proyecto, donde comparte fotos, periódicos y videos antiguos de la ciudad, se llama Lima Antigua.

Cuando en una reunión en el Ministerio de Cultura escuchó a una persona invidente preguntando sobre quincha, adobe y ladrillo, le vino una idea loca, ¿por qué no hacer visitas para personas que no pueden ver la ciudad? Quien preguntaba era Juan Pérez Salas, presidente de la Unión Nacional de Ciegos del Perú (UNCP).

Empezó a indagar en internet experiencias similares de tocar esculturas públicas, de sentir las texturas diferenciadas del mármol, madera, pátina del bronce, hierro. Lo único que encontró fueron visitas para invidentes en museos. Entonces esta experiencia de llevar a personas invidentes por los espacios públicos es sui generis en América Latina.

Esta visitas de “inclusión social” son una aventura. Tocar es una parte de esta experiencia. La otra es reflexionar sobre la Lima sin semáforos sonoros; con rampas rotas, tomadas por ambulantes; y con obras de remodelación sin terminar.

Las de Castilla y Dos de Mayo, que hoy toca visitar, son plazas circulares, como la mayoría de plazas del Centro Histórico. Paradójicamente, casi todos estos espacios no son accesibles. Parece que la Municipalidad de Lima se hubiera olvidado en su diseño de hacerlas amigables sin líneas peatonales, bancas o árboles.

“Hay gente que puede ver y no se detiene un rato para observar esa escultura de 1870 que fue traída desde Europa y está en la vía pública. Puede tocarla y tampoco lo hace. Lima tiene patrimonio en cada lugar que vas a recorrer, pero nos hemos focalizado tanto en lo visual que no tiene interés en tocar la estatua. En cambio, las personas que no pueden tienen más curiosidad de querer ir y abordar la figura”, explica el promotor cultural.

Vladimir primero los ubica en el lugar, luego les describe los monumentos. Mucha información y detalles. De Ramón Castilla no solo dirá que está a caballo y que mide cerca de 2.50 metros; sino que la estatua mira hacia el Callao y es un dato valioso. Les describe las alegorías alrededor del monumento. Y les resume el estado actual del patrimonio: que a La Justicia le quitaron la espada y que a los tres esclavos les retiraron los grilletes, casi como un acto poético, digamos.

“Voy a decir en mi casa que he acariciado a Ramón”, bromea la señorita Luzmila Dueñas (69), quien se entera que además de libertador de los afros, el militar tarapaqueño trajo el primer barco a vapor y promocionó la educación primaria, secundaria y superior.

Entonces un invidente pregunta por qué la ciudad no cuida sus monumentos, ¿por qué los tiene tan descuidados? Y los que vemos comenzamos a darnos cuenta que no vemos.

3. Es la cuarta visita guiada por los espacios patrimoniales de Lima que realiza Vladimir con los socios de la UNCP. Salen al promediar las 10 de la mañana de su local en la plaza Bolognesi.

Esta vez, los acompaña un grupo de estudiantes voluntarios del instituto Cibertec. Los chicos han recibido una pequeña capacitación sobre cómo conducir y tratar a las personas invidentes. Vladimir les recordará que a las personas invidentes les gusta ser tratadas como personas normales que no ven. “Nada de pobre cieguitos”, les recuerda antes de salir, de enfrentarse a la ciudad.

“Estos monumentos que estaban vedados para nosotros, ahora los podemos apreciar”, dice el presidente de la asociación, Juan Pérez. “Sería bueno que las autoridades mejoren su mantenimiento y hacer convenios con Bellas Artes para tener copias en pequeña escala. Y que los museos permitan a los invidentes acercarse a los monumentos, pongan copias o quitarles los vidrios a los bienes culturales”.

Tres horas después, Rubén bromea, “¡a la mujer le he tocado las piernas!”. La dama es de bronce y es una alegoría.

265 asociados integran en la actualidad la UNCP.