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Año del Buen Servicio al Ciudadano
LUNES 23

de octubre de 2017

LES LUTHIERS. HUMORISTAS Y MÚSICOS ARGENTINOS

Medio siglo de sátira y buen humor

Carlos López Puccio, uno de los fundadores de Les Luthiers, afirma que premio Princesa de Asturias, que recibirán próximamente, adjudica al trabajo que realizan un valor transformador en la sociedad.

24/9/2017


Fidel Gutiérrez M.

fgutierrez@editoraperu.com.pe

Se toman tan en serio el humor que ya llevan 50 años haciendo reír con inteligencia y música de por medio. Les Luthiers cumplen este año medio siglo de existencia y pronto recibirán el premio Princesa de Asturias. Entre tanto, vuelven a visitarnos para actuar el 2, 3 y 4 de noviembre en el auditorio de El Pentagonito. ¿Qué nos traen? Nos lo cuenta Carlos López Puccio, uno de sus fundadores.

–Esta vez nos traen a Lima ¡Chist!, una antología, y en Argentina han estrenado Gran Reserva, que también lo es. ¿Qué los lleva a hacer este tipo de recuentos?

–La razón principal para presentar antologías es que ya comprobamos que, dado que hemos escrito cerca de doscientas obras, siempre existe un seleccionado que satisface al público actual: al nuevo, porque descubre un mundo desconocido, y al viejo, porque reencuentra cosas que ha deseado volver a ver o de las que ni siquiera se acordaba. Por un lado, es una pena que todo ese material quede arrumbado; por el otro, sucede que para nosotros es mucho menos esforzado preparar una antología que enfrentar la angustia del espectáculo nuevo: siempre resulta preocupante lograr estar a la altura de los propios antecedentes.

–Los 50 años compartidos entre ustedes, ¿cómo se traducen en sus procesos de creación?

–Con los años fuimos comprendiendo que ninguno de nosotros podría haber creado a Les Luthiers sin el aporte de los demás. Fue un largo proceso de aprendizaje, de reconocimiento de los valores de los otros, que sirvió para que la relación creativa resultara cada vez más fluida. Ahora sabemos que lo que hacen los demás también puede ser bueno e imprescindible para darle variedad y calidad.

–¿Someten a una suerte de “risómetro” previo a las obras que van a presentar? ¿O se arriesgan poniéndolas a consideración del público directamente?

–Hace muchos años que aprendimos a no jugar de esa manera con nuestro corazón. Todas las obras o escenas que presentamos son sometidas antes a pruebas parciales. Introducimos cada obra sin aviso en el espectáculo anterior y comprobamos, a veces con decepción, otras con alegría, si nuestra apuesta humorística fue acertada. Y cuando no funciona algo, lo cambiamos, mejoramos, pulimos... volvemos a probarlo. Y si es necesario, lo echamos a la basura.

–¿Cuáles creen que son sus trabajos mejor recibidos por la audiencia? ¿Alguno de ellos ha tenido una reacción distinta a la que esperaban?

–El mejor espectáculo que hemos hecho fue Lutherapia. No hemos presentado ningún espectáculo sin pruebas previas parciales desde finales de los 70. Así que no estamos expuestos a un fracaso demasiado inesperado, pero sí sucede a veces que cierta idea presentada en prueba no es comprendida o compartida por el público con la hilaridad que supusimos. También puede suceder que un chiste menor cause más gracia que la esperada. En fin, es muy difícil tener certezas respecto de un chiste, posiblemente porque parte de su eficacia resida justamente en su cualidad de inesperado. Y en el terreno de lo inesperado muchas veces ni nosotros podemos prever.

–Les van a dar el Princesa de Asturias. ¿Será este el premio más gratificante que han recibido?

–Hemos recibido muchos premios y distinciones, pero, sin duda, este es el más importante, por su alcance internacional, por el altísimo nivel de su lista de premiados anteriores, por su lejanía de toda sospecha de interés comercial y por la justa fama de incorruptible e impenetrable de su organización. Y por si esto fuera poco: porque no nos premian como en una típica contienda del espectáculo, en una categoría restringida, sino en un nivel superior, adjudicando a nuestro trabajo de medio siglo un valor transformador en la sociedad.

–¿Qué tanto pudo verse afectado vuestro trabajo durante la dictadura militar?

–Para la mayoría de los que vivimos en Argentina durante esos años, la vida no fue nada fácil. Es verdad que nuestro humor nunca fue orientado políticamente, aunque muchas de nuestras obras sean satíricas y hasta críticas de la realidad que nos circunda, pero tuvimos que cuidarnos para no excedernos en la mordacidad. Que la burla o la parodia no pudieran ser mal entendidas, o demasiado entendidas, por el gobierno militar de aquel período oscuro.

–¿Han pensado en el retiro o tendrán recambios generacionales?

–En este terreno es muy difícil hacer planes demasiado elaborados. Los restantes “fundadores” no tenemos por ahora mejores planes que seguir trabajando mientras podamos; nos da mucho placer estar en el escenario e intercambiar alegría con el público.