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Memoria visual

Esta semana se aprobó en primera votación en el Congreso el proyecto de ley que fomenta y promueve la actividad cinematográfica y audiovisual en el Perú. En los próximos días se efectuará la segunda votación que ratificaría esta norma.

12/5/2019


Es fundamental para la identidad de nuestra nación contar con un instrumento como esta ley. El objetivo que se plantea es apoyar la producción de más películas peruanas, las que en cierta forma graban en el imaginario una aproximación hacia la realidad de nuestra sociedad.

Este proyecto de norma tiene determinado un buen porcentaje de las ayudas económicas para el interior del país y consigna algunas pautas para evitar que estos fondos sean distorsionados y destinados a proyectos de realizadores de la capital. Es, en buena cuenta, una iniciativa orientada a descentralizar la ayuda estatal y reconocer el esfuerzo de los profesionales del sétimo arte de las provincias. Recordemos que el año pasado dos de los estrenos nacionales más llamativos de la cartelera comercial fueron de dos regiones del Perú: la puneña Wiñaypacha, ópera prima de Óscar Catacora, y La Casa Rosada, película póstuma de Palito Ortega Matute.

Durante el debate en el hemiciclo, el congresista Francesco Petrozzi, de la Bancada Liberal, defendió este proyecto señalando que el cine es una especie de álbum familiar de un país. La metáfora es acertada si es que recordamos otros casos de América Latina. México con sus películas de charros, con Pedro Infante y Jorge Negrete, o Argentina con la imagen icónica de Carlos Gardel en otros tantos filmes están grabados en la mente de varias generaciones. Aun hoy, ambos países siguen proyectando su imagen y tienen una tradición consolidada en la pantalla grande.

La cultura, se ha dicho muchas veces, es el mejor embajador de una nación. El sétimo arte es uno de los vehículos más eficaces para transmitir ideas y conceptos. No es, como algunos creen, un simple entretenimiento escapista.

Pensemos tan solo en la copiosa producción nacional dedicada a abordar la época de la violencia originada por el terrorismo. Desde filmes hechos en la misma época de esos sucesos, como La boca del lobo, de Francisco Lombardi hasta la antes mencionada La Casa Rosada, pasando por la premiada La teta asustada, de Claudia Llosa, e infinidad de filmes de calidad amateur hechos en provincias.

Ver nuestras inquietudes proyectadas en la pantalla grande sirve para generar identidad e incentivar el debate.

En otro plano, los filmes son formas para promocionar la cultura del país. Hace cerca de diez años, el mencionado Francisco Lombardi estrenó Un cuerpo desnudo. Más allá de la trama de la película, quedó grabada en el espectador la oda que este realizador le dedica a nuestra bebida de bandera: el pisco.

Este tipo de apoyo a la cultura no es un gasto sin retorno. La publicidad que se logra para el país por medio de una película es difícil de medir en impacto económico, pues su estela continuará con cada espectador.