Tipo de cambio:

Compra: 3.266

Venta: 3.269


Año del diálogo y la reconciliación nacional
LUNES 25

de junio de 2018

Mirándonos en el ecran

Un hecho curioso se ha presentado en la cartelera comercial del país. Dos filmes producidos por cineastas del interior figuran, desde hace unas semanas, en las marquesinas de las salas limeñas: Wiñaypacha, del puneño Óscar Catacora; y La casa rosada, del fallecido director huamanguino Palito Ortega Matute.

22/5/2018


Ya desde hace unos años, el cine nacional ha roto antiguos tabúes. Antes, las películas peruanas buscaban estrenarse en diferentes fechas para no competir por los espectadores; ahora es habitual que compartan el listín cinematográfico.

Las mencionadas cintas lo han hecho, por ejemplo, con otras producciones, como la exitosa comedia No me digas solterona, de Ani Alva Helfer. Dicho sea de paso, es el filme más taquillero dirigido por una mujer.

No obstante el despegue alcanzado por el sétimo arte hecho en el Perú, desde hace unos años había una tarea pendiente. Han sido muy escasas las películas producidas fuera de Lima que han llegado a estrenarse en la capital. Faltaba ver otro lado de lo peruano en la pantalla grande, conocer una mirada distinta.

Wiñaypacha y La casa rosada son dos ejemplos de ello. Además, han tenido el apoyo del Ministerio de Cultura en diferentes etapas de su realización.

La cinta de Catacora es la primera hecha en aimara. En ella se retrata la vida de dos ancianos en una zona agreste del Altiplano. Esperan el regreso de su hijo, que ha migrado a la gran ciudad, mientras respetan las antiguas tradiciones que han heredado.

La casa rosada, en cambio, relata la odisea de una familia atrapada en la vorágine de una época difícil. El largometraje póstumo de Palito Ortega aborda un tema recurrente en las últimas ficciones nacionales: la época de violencia que padeció nuestro país. Lo interesante es conocer la visión de un artista que estuvo en Ayacucho en los años más difíciles de la lucha contra el terrorismo.

Ambos filmes han dado bastante que hablar. Han generado polémicas encendidas, pues tocan fibras sensibles de la población. Y no obstante los debates, varias de sus funciones han agotado las entradas.

Este éxito hace pensar que el público peruano quiere verse reflejado en el ecran. Nuestro país es rico en diversidad. Hay distintas sensibilidades que deseamos conocer. El apoyo que brinda el Estado a las producciones nacionales, y en especial a las de provincias, apunta a ello. El cine es una de las formas más placenteras de conocernos.

Si hace unos años la película Magallanes, el debut como cineasta de Salvador del Solar, llamó la atención con un parlamento no subtitulado en quechua de la actriz Magaly Solier, ahora tenemos una cinta enteramente en aimara que se mantiene, desde hace varias semanas, a sala llena.

El cine regional ha tenido bastante rotación en el circuito alternativo. Sin embargo, lo ocurrido con estos dos filmes evidencia que está listo para dar el gran salto y codearse con otras producciones. Las películas peruanas son diversas en temas, como anotamos en estas líneas. Si queremos apoyar la creatividad nacional, tenemos un camino: ver las cintas que se producen en el país. Hay para todos los gustos.