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Año del diálogo y la reconciliación nacional
LUNES 25

de junio de 2018

TRADICIONES

Nombres para todos los gustos

Ponerle nombre a un recién nacido suele ser un problema de no muy fácil solución para sus padres, sobre todo si a sus propios deseos se sobreponen los de los abuelos, hermanos o tíos que desean llamar al nuevo ser por el nombre que a ellos mejor les parece.

25/2/2018


José Vargas Sifuentes

Periodista

Nuestros abuelos no se hacían problemas. A la hora de bautizar al inocente, recurrían al santoral –que figuraba en los almanaques– y le clavaban el nombre del santo del día en que llegó al mundo.

De ahí que haya quienes fueran bautizados como Melanio, Florencio, Elizenda, Fortunata, Generosa, Gastón y otros, poco populares y difundidos, pero colocados en segundo lugar, casi escondidos tras del ‘socialmente aceptable’.

La costumbre fue casi dejada de lado cuando surgieron personajes políticos populares, cuyos nombres fueron copiados para bautizar al crío. Así, se hicieron repetitivos los Víctor Raúl y los José Carlos, lo que, de paso, permitía conocer la opción política de sus progenitores.

Con la masificación del cine y de los medios de comunicación, se cambió la fórmula y se optó por bautizar a los niños con el nombre del artista que más emocionaba por su actuación o con el del personaje (político, científico, escritor, deportista o cantante) de turno, sin importar su procedencia ni si rimaba con nuestros apellidos autóctonos.

Entonces pudimos ver nombres como Vivian, Jacqueline, Clark, Katty, Christopher, John, Vladimir, William, Elizabeth, etcétera, acompañados de apellidos tan peruanos como Mamani, Fiestas, Choquehuanca, Condori, Huamaní o Yupanqui. Prueba de que la transculturización no tiene límites ni fronteras.

Con el avance de la tecnología y la globalización, no sorprende que, a la hora de elegir nombres para los hijos, aprovechando que estos no tienen voz ni voto en asunto que les concierne directamente, pues sus pataleos (¿innata forma de protestar?) se calman con un chupón. Por eso, hay quienes les ponen (imponen) nombres como Jet, H20 o Neurona, u otros, cada cual más estrafalario.

Los padres de un exparlamentario resolvieron salomónicamente un problema similar. Ellos eligieron un nombre cada uno, para su heredero. Pero los cuatro abuelos hicieron lo propio. Resultado: un niño con seis nombres y dos apellidos compuestos: Javier Ricardo Maximiliano Alfredo Augusto Hipólito Valle-Riestra González-Olaechea (¡uf!). Simplificado: Javier Valle-Riestra.

Una solución sería retornar al uso del santoral, siempre vigente e in crescendo. Por ejemplo, Juan Pablo II incluyó 482 nombres a la lista de santos y 1,395 a la de beatos; y Francisco ha proclamado a 885 santos y 1,121 beatos, y hay 28 en lista. Total: 3,891 nuevos nombres para escoger, aparte de nuevos personajes nacionales e internacionales y una revisión de la guía telefónica.