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Año del Buen Servicio al Ciudadano
MIÉRCOLES 13

de diciembre de 2017

RESCATE

Nuestras Hermanitas Descalzas

En este ‘mes morado’ bueno es recordar cómo fue el primer adoratorio que tuvo nuestro Cristo de Pachacamilla, antes de contar con su hoy majestuoso templo, construido alrededor del muro con su venerada imagen.

7/10/2017


Luis Vargas Sifuentes

Periodista

Como Jesús de Nazaret que nació en humilde pesebre, el Cristo pintado por un esclavo angoleño tuvo por primer albergue una tosca ramada, donde cada viernes los negros de la vecindad se reunían para celebrar ruidosas reuniones, calificadas entonces como indecentes.

Después de los vanos intentos por borrar la imagen, y comprobado el hecho por el propio virrey Conde de Lemos, este dispuso limpiar el lugar, adecentarlo y cubrirlo con esteras. Así, el 14 de setiembre de 1671 se celebró la primera misa en el lugar, en presencia del gobernante.

El vizcaíno Sebastián de Antuñano, mayordomo del lugar y devoto de la sagrada imagen, compró el terreno y dispuso de sus bienes para erigir la ‘Casa y Santuario de la Santísima Trinidad y Santo Cristo de la Fe y Maravillas’. Fue él quien dispuso copiar la imagen y sacarla en procesión, por primera vez, en octubre de 1687.

En 1718 se logró erigir una iglesia con tres altares, el principal de ellos delante del muro pintado.

A esos esfuerzos se sumó doña Antonia Maldonado, fundadora, por 1680, del Beaterio de Beatas Nazarenas, grupo de mujeres que hacían vida de reclusión y penitencia, y vestían como hábito una túnica morada y una soga pendiente del cuello. Tenían un local en Monserrate llamado Instituto Nazareno, y en 1702 pasó al Santuario del Santo Cristo.

Duro fue el batallar de Antonia Maldonado y, a su muerte a los 63 años, de su sucesora, Josefa de la Providencia, para obtener la autorización papal y fundar el monasterio.

Con ayuda de los vecinos se hicieron mejoras y concluyó la edificación del convento, inaugurado solemnemente el 18 de marzo de 1730 como Monasterio de las Carmelitas Descalzas Nazarenas, con aprobación del papa Benedicto XIII, que se encargarían de rendir culto, cuidar y velar al Cristo de Pachacamilla.

La edificación del templo actual comenzó en 1776 con fondos recaudados en una colecta realizada frente a la iglesia de los Desamparados el 3 de mayo de 1760. Lo recaudado ese día fue de 10,500 pesos, una fortuna para entonces. Inaugurado el 20 de enero de 1711 destacan en él la forma de su púlpito y la disposición de su coro alto, único en nuestra capital.

La fachada, formada por cuatro columnas de piedra, tiene esculpidas las armas del virrey Amat y los escudos carmelitano y nazareno.

Lo más impresionante es su altar mayor, de casi 10 m de alto por 15 de ancho, que ocupa toda la pared del fondo.

Lo mejor es apreciarlo en directo, recordar que fue fruto del esfuerzo de un vizcaíno, de las superioras Nazarenas y de la fundadora del monasterio.

A ellas, y a las Hermanitas Descalzas, nuestro reconocimiento por su precioso legado.