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Año del Buen Servicio al Ciudadano
SÁBADO 18

de noviembre de 2017

CIUDAD

Palabras al viento

Cada nueva gestión municipal, sus autoridades nos prometen que acabarán con los problemas de Lima, pero pasan los años, vencen su gestión y los problemas siguen ahí, impávidos, mientras sus palabras quedan solo como buenas intenciones que se las lleva el viento. Así ocurre con el transporte público y la carretera, que cada verano resulta bloqueada por la caída de huaicos.

12/11/2017


Celinda Barreto Flores

Periodista

En enero de 1998, una funcionaria de la Municipalidad de Lima prometió que a partir de entonces solo circularían por la ciudad los taxis formales, pero, además, conducidos por choferes que hablaran inglés y que dominaran nociones de turismo, para orientar justamente a los turistas que visitan la tres veces coronada villa.

Ah, pero no solo eso, sino además deberían tener conocimientos de seguridad vial y primeros auxilios, certificado por instituciones reconocidas por la municipalidad, y si quedara alguna duda, ningún taxista circularía sin esos requisitos.

Por esa época, también, otro funcionario de la comuna metropolitana prometió que para paliar el caótico tránsito que aflige a los limeños se instalarían dos mil semáforos inteligentes en las avenidas Javier Prado, Arequipa, Arenales, La Marina y Wilson, que, como una varita mágica, ordenarían a máquinas y peatones.

Otro más, los huaicos e inundaciones que todos los veranos, sin excepción, afectan a localidades de la sierra central de Lima, como Chosica, Chaclacayo, etcétera, originan el bloqueo de la carretera Central y, por consiguiente, el freno al tránsito pesado y de pasajeros.

“La carretera Central es un río”, anunciaban en sus portadas algunos medios de comunicación. Y por ahí salió un funcionario “de alto nivel” para decir que ese fenómeno no volvería a inutilizar esa importante vía que une la Sierra del Perú con la capital porque se estaban tomando “las medidas necesarias” para que eso no ocurriera.

Ni la carretera central se arregló, ni los taxistas limeños hablan inglés, ni respetan las señales de tránsito, ni se han convertido todos en formales. Y, al parecer, los semáforos no eran todo lo inteligentes que se esperaba porque si hay algo que ha empeorado y lo seguirá haciendo es el tránsito en la ciudad. Y las promesas se las llevó el viento.

Bien, se podrá decir “pero quién les manda a creer en los políticos”, pero se supone que ahora las autoridades electorales son más exigentes en el registro de las promesas electorales.

Esta situación también toca a los electores, ahora que se vienen los comicios municipales y regionales.

Debemos tener un voto informado, leer los planes de gobierno, sopesar la trayectoria de los candidatos para ver su nivel de compromiso con las soluciones que plantean.

En suma, tenemos el poder para que no haya más promesas que se las lleva el viento, sino una exigencia real de que se den las soluciones que requiere la ciudad.