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Año del diálogo y la reconciliación nacional
VIERNES 22

de junio de 2018

SINEACE PRESENTA ESTUDIO REVELADOR

Retos de la educación tecnológica

Hay más de 400,000 jóvenes que estudian carreras técnicas en el país, sin embargo aún falta que los procesos educativos en estas instituciones vayan de la mano con el sector productivo.

Si queremos dejar de ser una economía primaria exportadora, para convertirnos en fabricantes de productos terminados, capaces de conquistar un mercado internacional cada vez más especializado y competitivo, es vital la mejora de la calidad de la educación superior tecnológica.

7/3/2018


Eduardo García Zúñiga

eagarcia@editoraperu.com.pe

Al respecto, el estudio “Educación Tecnológica y Producción: Experiencias de articulación de los institutos de educación superior tecnológica con el sector productivo”, del Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa (Sineace), señala que hay la necesidad de una articulación entre ambos sectores y recoge las experiencias exitosas, indispensables para generar empleo a los jóvenes y mejorar la malla curricular.

El documento refiere que más de 400,000 jóvenes cursan estudios en este nivel educativo en todo el país, la mitad de ellos en Lima, pero también que la oferta educativa en este rubro resulta insuficiente, porque la mayoría de alumnos se concentra en carreras de servicios (administración, contabilidad, banca), en vez de las productivas (minería, agricultura), donde existe la mayor demanda de mano de obra calificada y los mejores sueldos.

Pilar Saavedra, directora de Evaluación y Acreditación de Institutos y Escuelas de Educación Superior del Sineace, informa que en el país funcionan 853 Institutos de Educación Superior, de los cuales solo 341 son públicos, mientras que 512 son privados.

En total estas instituciones ofrecen 2,600 programas de estudio, pero apenas 139 de ellos, menos del 10%, están acreditadas, lo que debería cambiar en los próximos años, de acuerdo a la nueva ley de institutos tecnológicos.

Buenas experiencias

En conversación con El Peruano, refiere que aún en un contexto adverso existen instituciones que se esfuerzan por mejorar sus procesos formativos, teniendo como base una articulación con los sectores productivos.

Es el caso de los institutos Huando (Huaral), La Inmaculada (Arequipa), Sausa (Junín), la red de centros de Fe y Alegría, o el instituto Capeco de la construcción, en Lima, que han creado una buena sinergia con el sector productivo, no solo como espacio de aprendizaje de sus alumnos, sino incidiendo en la modernización de sus procesos.

Por ejemplo, el ISEP La Inmaculada, de Arequipa, y su programa Diseño de Modas, ha logrado un alto prestigio articulando la producción con la demanda del mercado regional. Todo el tema de los patrones está vinculado a los temas que va desarrollando la propia región y ha logrado alto prestigio en torno a la articulación con la demanda del mercado.

El instituto público Sausa (Junín), a través del programa de industrias alimentarias, por ejemplo, se vincula con los pequeños productores de leche y los que egresan van directamente a trabajar en estas pequeñas empresas; ni qué decir del instituto Capeco, en Lima, que ofrece una educación casi dual de los jóvenes, lo que lo convierte en uno de los mejores en el mercado.

Problema vigente

Un tema pendiente que recoge el estudio es que la carrera universitaria sigue contando entre los jóvenes mayor preferencia que la tecnológica.

“No importa cuán de calidad sea la formación, lo que les importa es que sea universitaria”, nos dice Pilar Saavedra, para quien esto es un reto que debe superar con nuevos programas, que respondan efectivamente a las exigencias del mercado, una inserción pronta de los estudiantes en la esfera laboral y un empresariado comprometido con su formación mediante las prácticas laborales.

Formación laboral

Saavedra señala que una ley de formación laboral es indispensable para que los jóvenes tengan experiencias formativas en condiciones reales de trabajo, y por esa razón se aprobó una norma en el año 2006, que lamentablemente devino en inejecutable, justamente porque establecía una serie de pagos y subvenciones a los estudiantes, que los empresarios no están dispuestos a cubrir.

En ese sentido, señala que el proyecto de la congresista Rosa Bartra lo que hace es pasar de un extremo a otro, del pago al no pago, cuando lo que debe ocurrir es una posición intermedia, para identificar mínimamente cuáles son los programas de estudios que exponen a los alumnos a situaciones de riesgo, y que merecerían una compensación.

No es lo mismo hacer prácticas en un estudio contable que en un centro minero o una fábrica textil. Cualquier ley que pretenda generar las experiencias formativas en condiciones reales de trabajo debe considerar como punto intermedio garantizar una contribución de refrigerio y de movilidad, para que el estudiante aprenda, se forje, y el empresariado se sienta en la responsabilidad social de formar a los jóvenes”.

La ley de formación laboral vigente establece una subvención laboral para el estudiante que en algunos casos no puede ser menor que una remuneración mínima, pero en otras podría ser del 30% de ese indicador. También 15 días de descanso cuando la duración de la modalidad sea superior a los 12 meses.