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Año del Buen Servicio al Ciudadano
SÁBADO 23

de setiembre de 2017

PAÍS

Sorprendidos

Los peruanos vivimos permanentemente sorprendidos. Nos sorprende el friaje, que se presenta cada año en las mismas regiones, en la misma época. Nos sorprenden las lluvias en zonas en las que, desde tiempos inmemorables, llueve. Que los ríos aumenten su caudal y se desborden, en meses de intensas lluvias en ciertas regiones del país, nos sorprende.

10/9/2017


Celinda Barreto Flores

Periodista

Que el tráfico en la ciudad sea un verdadero caos, nos sorprende, y nos sorprende la gran cantidad de accidentes que se producen en las carreteras, dejando como saldo miles de muertos y heridos.

El caos, tanto en las calles de la ciudad como en las carreteras de los pueblos alejados, es uno de los graves problemas que afrontamos los peruanos y ninguna sorpresa debería haber al respecto, pues a diferencia de los fenómenos naturales, esta era una guerra avisada que los ciudadanos estamos perdiendo.

En el caso de Lima ¿acaso el crecimiento desmesurado de la ciudad en las últimas décadas sin ninguna planificación, no hacía esperar una situación así? ¿No hemos reparado que en esas calles, en las que se levantan gigantescos edificios tanto de viviendas como de oficinas, que han reemplazado a viviendas unifamiliares, el aumento de la densidad poblacional y sus necesidades de movilización, se ha, prácticamente, centuplicado? ¿Cómo podríamos entonces esperar un resultado diferente?

En cuanto a los accidentes de tránsito, no solo en las carreteras, sino inclusive en las calles de cualquier ciudad, estos tampoco deberían sorprendernos. ¿No se sabe acaso de las irregularidades o trampas que se han venido haciendo para obtener brevetes sin rendir exámenes?

Hay academias de manejo que ofrecen toda clase de facilidades para que la obtención de licencias de conducir no signifique ningún estudio ni dedicación al tema de parte de los futuros conductores. Y si los choferes, tanto de vehículos de transporte público como particulares, no saben las reglas de tránsito y tampoco han aprendido a conducir, ¿cómo podemos esperar que sean buenos conductores y que tengan respeto por la vida y seguridad de los demás si no cuidan ni siquiera la suya?

No olvidemos que en otros países, un chofer de transporte público debe estudiar tres años antes de obtener su licencia de conducir. Entre nosotros, en cambio, se obtiene en horas, sin una preparación previa.

Dejemos, pues, de sorprendernos porque los graves problemas que nos agobian solo serán menos graves cuando los ciudadanos entendamos que respetar las reglas y las leyes no es una tontería, sino un camino al progreso del país y a una mejor calidad de vida.

Y esa falta de respeto, hay que poner los puntos sobre las íes, no es toda culpa de los ciudadanos, sino también de las autoridades corruptas, que todo lo permiten y a las que el bienestar ciudadano les importa muy poco.