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Año del diálogo y la reconciliación nacional
VIERNES 19

de enero de 2018

EDIFICACIONES

Tan antigua como Lima

Cuando llegue a nuestro país, el papa Francisco visitará una iglesia tan antigua como Lima, fundadas el mismo día, con menos de una hora de diferencia entre ellas.

13/1/2018


José Vargas Sifuentes

Periodista

En efecto, el mismo 18 de enero de 1535 se fundó Lima y se firmó la partida de bautismo de nuestra Catedral, con la colocación de su primera piedra; se construyeron sus primeras instalaciones con piezas de madera, y se celebró la primera misa, en el mismo lugar que ocupa hasta hoy. Repasemos ese hecho.

Como demostración de su religiosidad, los trece conquistadores españoles presentes en el acto de fundación de Lima, lo primero que hicieron apenas terminada la breve ceremonia fue señalar el lugar que ocuparía la iglesia.

Francisco Pizarro delineó los contornos de la Plaza Mayor, en el descampado triangular donde se realizó el acto (formado por el palacio del curaca Taulichusco, el templo de Puma Inti y una huaca rodeada por un corral de llamas, y atravesado por una acequia). Eligió la parte delantera del templo incaico, dispuso abrir zanjas para colocar las primeras piedras y sobre estas asentó una cruz de madera.

El mismo Pizarro cargó los primeros maderos, pasado el mediodía, e inició la construcción de lo que en un principio sería un pequeño y muy modesto templo. Tras la colocación de la cruz, se desarrolló la ceremonia de bendición de la futura iglesia “a la que puso por nombre Nuestra Señora de la Asunción”, y se ofició la primera misa, a cargo del cura Alonso Tinoco.

Sucesivas bulas del papa Paulo III (1534-1549) elevaron la iglesia al rango de catedral y crearon el arzobispado de Lima (1545). Su primer obispo, fray Jerónimo de Loayza, confirmado el 31 de mayo de 1541, mandó demoler la iglesia y edificar otra más amplia y de mejor fábrica, que se concluyó en 1551.

En 1564, el maestro mayor Alonso Beltrán levantó los planos, a imitación de la catedral de Sevilla. Y en 1572, con apoyo del virrey Francisco de Toledo, el Cabildo, la Real Audiencia, el clero y vecinos notables, se inició la construcción de la tercera iglesia, con muros y pilastras de piedra de granito. Un año antes, el Arzobispado de Lima había sido declarado Primado del Perú.

No estaba concluida totalmente cuando en 1609 un fuerte sismo sacudió la capital y dañó seriamente sus elevadas bóvedas. De a pocos, la nueva iglesia fue concluida y consagrada el 25 de octubre de 1625, tras largos años de trabajos interrumpidos y reanudados sucesivamente. Para la obra se trajeron mármoles de Recuay, y desde Panamá, las piedras de sus cimientos y paredes. Comprendía entonces cinco naves, adornadas con joyas arquitectónicas y obras de arte, atribuidas al arquitecto español Pedro Pablo Noguera.

La obra duraría menos de un siglo, pues el terremoto de 1746 la destruyó. Se salvaron los muros exteriores y las piedras de la fachada principal, lo que permitió su reconstrucción en nueve años de intensos esfuerzos. El 29 de mayo de 1755 volvió a abrir sus puertas y lucir como hasta hoy, excepto sus torres, modificadas después.

La monumental fachada de piedra de cantería ostenta el Escudo Nacional, dos torres y tres puertas: del Perdón (al centro), de la Epístola (derecha) y del Evangelio (izquierda). Su interior deslumbra por la riqueza y suntuosidad de sus vestidos y alhajas, destacando la custodia de oro del altar mayor, donada por el arzobispo Loayza; la imagen de la Virgen, obsequio de Carlos V; el Dignum crusis, que donó el papa Urbano VIII; y el coro, de 75 sillas de cedro con tallados, molduras, estatuas a medio relieve y un gran facistol.

Resaltan también la sacristía y sus cajones de cedro y nogal, coronados con esculturas de los apóstoles talladas, y su gran espejo de marco de ébano; las 19 capillas y sus capellanías fundadas y dotadas por los conquistadores, dignidades eclesiásticas y nobles adinerados, llenas de reliquias y primorosas obras de arte.

Son dignas de mencionar los bustos de Santa Isabel y la Virgen María, enviados por Felipe II, y la imagen de Nuestra Señora de la Asunción, grabada a medio relieve en una lámina de plata guarnecida de ébano, donada por el arzobispo Lobo Guerrero.

Súmanse el tabernáculo de plata del altar mayor; dos lámparas, con mil marcos de plata, del altar de Nuestra Señora de la Antigua, y 16 capillas, herederas de las anteriores y tan bien tenidas como ellas.

La Catedral es, pues, un monumento a la religiosidad de nuestro pueblo cuyos interiores expresan toda la grandeza y el fausto de que disfrutó nuestra vieja Lima. Y desde ahí ejerce la dirección espiritual de nuestro país.