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Año del diálogo y la reconciliación nacional
LUNES 25

de junio de 2018

APROXIMACIONES

Tecnología y dependencia

El avance de la ciencia en diversos aspectos ha solucionado muchos problemas de los seres humanos y hace que la vida de los que acceden a esos adelantos sea más fácil y más productiva.

3/6/2018


Celinda Barreto

Periodista

Pero también habría que preguntarse hasta qué punto muchos de esos adelantos, en lugar de ayudar, complican la vida del hombre por exceso de información y alejan del bienestar a aquellos que no pueden acceder a la modernidad.

Quizá uno de los objetos que más han cambiado la vida de los seres humanos en el aspecto familiar y laboral es el teléfono celular. Para los trabajadores, especialmente los independientes, que en países como el nuestro constituyen un gran porcentaje de la fuerza laboral, es indudable que la facilidad e inmediatez de la comunicación que ofrecen implican un gran avance. Ya no es necesario contar con oficina, secretaria o un familiar o amigo que tome los encargos cuando un cliente llama a un trabajador independiente que está trabajando en la calle. Usando el celular, las transacciones son inmediatas.

Cualquier persona puede establecer comunicación instantánea con otra todas las horas del día, sin importar las distancias, y eso es de gran utilidad cuando se trata, por ejemplo, de padres que trabajan y tienen hijos pequeños o de personas que tienen familiares enfermos en casa o en zonas lejanas.

Pero es también cierto que, dadas todas las posibilidades de comunicación e información que hay en un teléfono celular por el internet, su uso, sobre todo para las personas más jóvenes, se ha convertido en una adicción. Investigadores y psicólogos ya se ocupan del tema. Y las conclusiones no son nada halagüeñas, pues todo indica que, como género humano, el uso del celular para comunicarnos, informarnos, leer, jugar, entre otros tantos usos que tiene ese pequeño aparato, nos está apartando de la ciencia, de la cultura e inclusive de los lazos familiares.

El efecto nocivo de un instrumento creado en sus inicios para facilitarnos la vida es tal que en diversos países, entre ellos China, ya se está tratando como una adicción. Y en Francia se ha prohibido su uso en los colegios durante las horas de clase.

Sin embargo, la competencia entre las empresas que fabrican esos aparatos es cada vez mayor y, por lo tanto, son más (y a veces inútiles) los servicios que prestan a los usuarios. Sin duda, hace que las personas seamos cada vez más dependientes de ellos.

Uno de los últimos modelos salidos al mercado ofrece, cuando se enfoca el plato de comida que tenemos delante, revelarnos cuántas calorías tiene ese alimento y puede inclusive facilitarnos la receta de este.

¿Será eso lo que ha llevado a algunos escritores a preguntarse si efectivamente los celulares en esta era digital –llamados inteligentes– nos están volviendo estúpidos o por lo menos superficiales y dependientes?