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Año del Buen Servicio al Ciudadano
SÁBADO 18

de noviembre de 2017

PAÍS

Turismo e informalidad

La Reciente desaparición de un joven canadiense que se dirigía a hacer trekking en Huaraz y que nunca llegó a su destino debe servir para que las autoridades encargadas de la actividad turística sean más exigentes en la necesidad de formalizar los negocios que brindan servicios en ese campo.

5/11/2017


Celinda Barreto Flores

Periodista

Las noticias dan cuenta de que el turista se alojó en un albergue muy solicitado por los turistas amantes de la aventura, pero que no contaba con licencia de funcionamiento y, lo más delicado, es que el responsable del establecimiento dijo muy orondo a los medios que no sabía nada del visitante, porque por esos días estaba de licencia y no había dejado a ningún encargado.

Como es de suponerse, los desesperados padres, que llegaron desde Canadá a buscar a su hijo, no tenían por dónde empezar ni a quién recurrir para conocer los últimos movimientos de su familiar en Huaraz.

Lamentablemente, situaciones como esta se repiten en muchos lugares turísticos del Perú, pues no existe el control pertinente de las autoridades y los propietarios del negocio no toman conciencia de la importancia económica de esta actividad en el país y de lo frágil que resulta la mala publicidad por una pésima atención.

Tomemos como ejemplo Cusco, principal destino turístico. El turismo en la capital inca ha aumentado mucho en los últimos años, pero la informalidad en los servicios sigue presente, lo que perjudica tanto a visitantes nacionales como extranjeros.

Empezando por las agencias, la mayoría son informales y no se destacan precisamente por calidad y seriedad en el servicio.

Otra perla, la informalidad que reina en los ómnibus encargados de trasladar a los turistas a los diversos monumentos de la ciudad. Las unidades se llenan de acuerdo con el orden de llegada de cada pasajero, algunas veces en el camino, y sin que exista una nómina inicial, lo que no ocurre en destinos turísticos del exterior.

El Gobierno se ha propuesto duplicar el número de turistas que llegan al país, de 3.5 millones a 7 millones al 2021, para lo cual es imprescindible no solo políticas macro de cómo atraemos más visitantes, sino también concienciar a los operadores de la importancia de que brinden un buen servicio.

Es verdad que más que las campañas de difusión un destino turístico se consolida por el boca a boca, personas que vivieron la experiencia y que lo comentan a sus amigos y familiares cuando retornan a sus hogares. Si la experiencia ha sido buena, satisfactoria y se llevan una buena impresión, por supuesto que la recomendación será positiva; pero si, por el contrario, fueron mal atendidos, sus comentarios serán negativos.

Es fundamental el trabajo del Estado en este terreno, pero más aún el de los operadores turísticos, para dejar una buena impresión al turista.