Tipo de cambio:

Compra: 3.285

Venta: 3.288


Año de la lucha contra la corrupción y la impunidad
MIÉRCOLES 17

de julio de 2019

PANAMERICANOS

26 JUL AL 11 AGO

PARAPANAMERICANOS

21 AGO AL 01 SEP

APROXIMACIONES

Un intento de decálogo del desarrollo

Hace unos años, un grupo de personas con deseos de cambiar el país quiso hacer que en el Perú funcionara un decálogo del desarrollo, una lista de actitudes que, de practicarse, hubieran hecho de nosotros mejores personas; y de nuestra sociedad, un conjunto de seres humanos con principios y buenas prácticas de vida.

25/3/2019


Celinda Barreto

Periodista

El promotor de esa iniciativa fue el empresario Octavio Mavila, quien, tras un recorrido por distintas regiones del mundo, llegó a la conclusión de que el ansiado desarrollo se debe básicamente a la actitud de los habitantes de un país y a su comportamiento como personas en la vida diaria, lo cual se refleja en su familia, en el trabajo y en sus actividades económicas.

A pesar de haberse difundido a través de diversos medios y en muchas instituciones públicas y privadas, los postulados de ese decálogo, lamentablemente, no se llegaron a cumplir. Sus creadores, entre los que había empresarios, profesionales destacados y funcionarios privados y públicos, fueron desapareciendo y el país sigue como entonces. O, para ser realistas, peor que entonces.

Por eso, quizá sería hora de revivir este proyecto pues, sin duda, tanto al Estado como a los habitantes del país nos interesa emprender la senda del desarrollo.

Los deseos primarios de una persona son tener un trabajo bien remunerado, progreso y armonía en su vida. En nuestro país, una gran cantidad de personas no progresa porque, al no tener la instrucción necesaria, no gana lo suficiente y, en consecuencia, no tiene la oportunidad de cubrir las necesidades materiales que forman parte del bienestar personal.

Pero para lograr el progreso hay también otros aspectos, como el buen comportamiento que, en los países desarrollados, es común a todos los ciudadanos pues de no seguir las reglas de conducta dictadas por las autoridades son severamente castigados.

El primer postulado del decálogo del desarrollo es el orden, que debe ser practicado en primer lugar por las autoridades, pues es lógico que si los servicios públicos –como el transporte, el recojo de la basura, la atención de los problemas de salud– no funcionan adecuadamente, la vida de los ciudadanos se trastorna.

El segundo mandato del decálogo es la limpieza, que en los países desarrollados se nota en las calles, en los vehículos y en la apariencia de las personas. Pero ¿cómo exigir esa condición a miles de personas que viven en medio de arenales, lugares donde el agua no llega a sus viviendas, donde no hay servicio de desagüe y en los que los desperdicios se arrojan a las calles?

Además del orden y la limpieza, con el decálogo se trataba de desarrollar en la población actitudes positivas, como la puntualidad, la responsabilidad, el deseo de superación, la honradez, el respeto a los derechos de los demás, el respeto a la ley, a los reglamentos, el amor por el trabajo y el afán por el ahorro y la inversión.